Misioneros de la educación

SENDERO

En las comunidades indígenas del país y del estado suceden cosas importantes, extraordinarias e inverosímiles, que por la forma en que se originan, desarrollan y culminan, dejan lecciones y experiencias aunque no tanto satisfacciones que no es el caso cuando el objetivo es desinteresado y sin fines políticos ni de lucro.

La semana pasada asistí a un encuentro de trabajadores de la educación – mujeres y hombres  todos ya jubilados –, quienes hablaron con tanta emoción y convicción  del grano de arena que aportaron en su momento para dar vida y proyección, a partir de 1959, a una escuela secundaria particular modelo en Villa Hidalgo Yalalag, en plena sierra zapoteca, la cual llevó a propósito el nombre del don Benito Juárez y que sirvió después de base para la creación en 1976 de la actual Escuela Secundaria Técnica.

Fueron 17 años de intenso trabajo en que los docentes de la escuela primaria Ignacio M. Altamirano dieron su tequio en la secundaria comunitaria, que no solo dio cabida sin ningún pago a los niños y jóvenes de la comunidad, sino que abrió sus puertas a los de las poblaciones vecinas donde había hambre y sed del conocimiento.

Los que venían de los pueblos jamás se echaron para atrás ante las carencias e incomodidades que encontraron a cada momento con tal de seguir estudiando. Por años durmieron en los corredores y cuartitos de las casas donde los recibieron; por años comieron solo tortillas duras, frijoles y chile. Todos jalaron parejo, maestros y alumnos, padres de familia y autoridades municipales. No hubo diferencias de edades entre profesores y alumnos; medió siempre la amistad y el respeto, mucho respeto y colaboración que ahora se añora en las escuelas.

La secundaria particular cobró auge desde su fundación, pero despertó igualmente envidias y reacciones en contra y no faltaron los anónimos y amenazas veladas para que el proyecto no siguiera, pues afectaba intereses. Yalalag tenía en 1955 una escuela primaria hasta el cuarto grado y cuando el profesor Fidel Antonio Piñón fue director se crearon los quinto y sexto grados.

En 1958 llegó al pueblo el profesor Taurino Mesinas Ceballos cuando la población escolar ya era de 600 alumnos y habría que hacer algo urgente por ellos, por lo que propuso la necesidad de crear una escuela secundaria. Afortunadamente encontró eco en la autoridad municipal y padres de familia, pues de inmediato se integró una comisión que se trasladó a la capital del país a iniciar los trámites.

En la ciudad de México trabajaba el profesor Wilfrido Sánchez Contreras, a quien acudieron y pidieron que encabezara la gestión ante el departamento de secundarias particulares de la SEP, con la solidaridad de los yalaltecos radicados en la metrópoli. Fue así como contactaron al senador Rodolfo Brena Torres por medio del licenciado Juvencio Molina Valera. La intervención de este legislador, quien después fue gobernador del Estado, fue determinante así como la de los legisladores federales Graciano Federico Hernández y Genaro Maldonado Matías.

De todo esto  y lo que hubo después, a lo largo de 17 años de vida fructífera y de sacrificios del plantel, se habló hace unos días. El encuentro se denominó tercera y última narrativa con la presencia de uno de los gestores sobrevivientes, el maestro Wilfrido Sánchez Contreras, quien llegó finalmente a Yalalag con el permiso de la SEP en la mano para que la secundaria funcionara legalmente.

El único que tuvo plaza federal para trabajar por breve tiempo como director fue el profesor Saúl Cruz Contreras, quien se trasladó desde Atlixco, Puebla, donde laboraba. Los demás directores dieron su tequio, así como los docentes. Trabajaban pagados en la primaria, pero gratis en la secundaria. A ellos les tocó todavía caminar varias horas atravesando montañas y ríos para llegar a Yalalag, pero estaban convencidos de su misión educativa y cumplieron.

La esposa del maestro Saúl, la profesora Angelina Ramos Alcázar,  logró juntar 80 niños de preescolar en el atrio del templo, pero no pudo continuar porque ya no encontró apoyo de parte de la siguiente autoridad municipal.

Tantas historias, tantos recuerdos, tantas enseñanzas. El coordinador del encuentro fue el profesor Román Jiménez Mazas, exalumno de la tercera generación de la secundaria y director después de la misma. Entre otros exdirectores asistieron y compartieron sus vivencias los profesores Elsa Hernández Castellanos, Crisóforo Cano Alejo e Ignacio Reyes Ruiz. A éste último le tocó la transformación de la escuela particular a oficial.

Cabe mencionar también a otros docentes como Gilberto Hernández Santiago, María Angelina Ramos de Cruz, Fidel Antonio Piñón, Lorenzo Ortiz Rosas, Rosalino Gutiérrez Kauter, Felipe de Jesús Juárez, Rafael Lazos Pérez y Déborah Cruz Hernández, quienes dieron su tiempo y también parte de lo que ganaban.

Se trató desde luego de un equipo maravilloso de oaxaqueños, de serranos y no serranos, que de esta manera despertaron conciencias e impulsaron el progreso de los pueblos, pues llegaron alumnos de la región mixe y Valles Centrales. Cuando tomaron el micrófono, los mentores trajeron el pasado bien vivido y entregado, tal vez no satisfechos de todo pero sí en parte, porque lo hicieron de corazón y eso no se olvida. ¡Qué tiempos! El ejemplo de

Yalalag se replicó más tarde en otras comunidades de la Sierra Norte y los egresados han destacado en diferentes ámbitos.

Directivos y docentes aceptaron hacer cumplido su misión; valió la pena. Si no fueron ejemplo de virtudes, sí de lucha y constancia. Por eso recomiendan ahora a los jóvenes que estudien y a los padres de familia que comprendan y apoyen a sus hijos, que se conviertan en sus guías.

Uno de ellos dijo que quisiera volver a la vida de antes, en que todo era diferente, no como ahora en que las generaciones lo quieren todo digerido.

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