Los a-prietos de Ochoa

Alguien desde adentro del PRI le quiere hacer el caldo más gordo de lo que es a su presidente Enrique Ochoa con el caso de “los prietos de Morena que ya no aprietan”.

Las críticas al jerarca tricolor buscan desacreditarlo como un político “racista”, cuando sus declaraciones fueron sentenciadas fuera de contexto.

Para poder entender lo que decimos, y que no lluevan los ataques de que defendemos lo indefendible, hay que aclarar que el primer “prietito” en este arroz no lo dio el priistas Ochoa, sino el independiente Jaime “El Bronco” Rodríguez.

El gobernador con licencia de Nuevo León fue el primero que habló de PRI-etos en la XII Cumbre de la Comunicación Política celebrada el 8 de febrero en la Ciudad de México, cuando atacó a su rival de Morena.

El Bronco dijo que “Andrés Manuel se cree santo y todo el resto de los mexicanos somos hijos de la mafia del poder. Le voy a mandar una carta al Papa para hacerlo santo”.

Y remató el precandidato del brioso corcel: “Ya le cambié, por cierto, el nombre a Morena, porque todos los priistas y panistas se han ido con él. Entonces ya no se llama Morena, se llama PRIeta. Para los que no son de México, es morena, pero con otro nombre”.

Dos días después, el 10 de febrero, Ochoa retomó la ocurrencia de El Bronco de que con tanto priista en sus filas, Morena debía llamarse PRI-eta y por ende sus correligionarios PRIetos.

El líder nacional tricolor tuiteó y subió un video de un mitin en Tabasco: “A los prietos de #Morena les vamos a demostrar que son prietos pero ya no aprietan”.

Cotejándola con la ocurrencia de El Bronco, se refería a PRIetos, los que se habían mudado del PRI a Morena, no a los mexicanos con piel morena, como la piel del mismo Ochoa.

Pero frente a quienes desde adentro de su partido y desde afuera en redes sociales lo inmolaron, el presidente nacional del PRI acabó pidiendo una disculpa en su Twitter por aquellos que hubieran interpretado racistamente su comentario.

“El día de hoy en Tabasco me referí a los PRIistas [sic] que se han pasado a Morena como PRIetos [sic]. Mi comentario jamás fue referido a las personas que tienen mí mismo color de piel, del cual me siento muy orgulloso. Ofrezco una sincera disculpa. Esta campaña será de propuestas y unidad”.

Lo curioso es que exactamente un mes antes, el 10 de diciembre pasado, en un recorrido por municipios mexiquenses, López Obrador lanzó en su discurso una festejada ocurrencia, hacienda alusión a otro color de piel, el de “los blancos” que no se asolean.

Y el líder de Morena dijo que Anaya y Meade son “muy pirruris”, son los candidatos de “la mafia del poder”, que no conocen el país, nos les da el sol, están blancos “puxhos” y se la pasan todo el tiempo en la Ciudad de México”.

Lo que resulta peligroso, es que por ocurrencias o interpretaciones torcidas o jocosas, de todos, acabemos con una campaña presidencial peligrosamente polarizada.

De un lado los “blancos” y de otra los “PRIetos”. En una esquina los “Fifís” y los “Señoritingos”, y del otro del otro los “Solovinos” y los “Jodidingos”.

Cuidado con estirar todos la liga clasista, que cuando se reviente el estallido no será solo endosable a uno. Lo será de todos. Y su efecto, también.

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