La rutina de las Palmeadoras de Tlaxiaco es diaria, sin descanso, aunque sus ingresos son inferiores a los esfuerzos realizados para producir el alimento más distintivos de los mexicanos

CIUDAD DE MÉXICO.

Su labor empieza el día anterior con la nixtamalización del maíz, continúa en la madrugada en medio del humo y sonido de perros y gallos, y finaliza hasta la venta de la última tortilla en el mercado de Tlaxiaco, en la zona mixteca de Oaxaca.

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Antes les llamaban tortilleras, pero no les gustaba porque sentían que era muy discriminatorio; entonces, como la tortilla se palmea, decidieron ponerse palmeadoras.

La rutina de las integrantes de la Unión de Palmeadoras de la H. Ciudad de Tlaxiaco es diaria, sin descanso, aunque sus ingresos son inferiores a los esfuerzos realizados para producir uno de los alimentos más distintivos de los mexicanos. Las casi 90 integrantes de la Unión, tienen en común la pobreza y la marginación, pero esos factores no les impiden su dedicación diaria.

“Dicen que olemos a humo, que somos muy sucias; nunca nos han dado el valor que nosotras merecemos por nuestro trabajo porque, es muy humilde pero muy digno; pero también nuestro trabajo es un poco sucio por el humo, antes los dueños de los locales les echaban agua sucia a las compañeras, les echaban la basura”, afirma Petra Cruz, presidenta de la Unión.

Lamentablemente, la gente les pone muchos peros, dicen que sus tortillas están muy caras en comparación con las que venden en la tortillería.

“La tortillería abre desde las 7 de la mañana y cierra a las 10 de la noche; no nos deja vender mucho”, comenta la señora Cruz. “Son muchas tortillas las que dan ahí; dicen que están más suavecitas y más blanquitas, pero nosotras no nos rendimos porque sabemos que estamos vendiendo una tortilla de calidad, eso es lo que nos da valor a nosotras, para seguir en la lucha”.

Estas mujeres no buscan ganar dinero para comprarse lujos, sino simplemente para sobrevivir. Aunque el costo de real de cada tortilla ‘artesanal’ es de 4 pesos, las dan a ‘6 por 10’.

“Sí, es mucho el trabajo, mucho el esfuerzo; una vez nos sacaron el costo de una tortilla… El valor es de 4 pesos por tortilla; sin embargo, las estamos dando a 6 por 10 las de maíz y a 5 por 10 las de trigo”.

Su labor fue reconocida por la FAO con una mención honorífica en el concurso de relatos y fotografías como parte de la campaña “Mujeres rurales, mujeres con derechos”.

“Para nosotros significa mucho, es un reconocimiento que nunca habíamos tenido… Nunca nos habían reconocido el trabajo que hacemos”, finaliza Doña Petra. “Nos sentimos seguras de nuestro trabajo, de lo que hacemos y vendemos… Eso nos motiva para seguir adelante y defender nuestra tortilla artesanal”.

Excelsior