Mientras la clase política y empresarial está muy entretenida con los candidatos y la elección presidencial, los negocios en México no paran, incluso hay algunos que en los próximos días se debaten entre la vida y la muerte.

Ese es el caso de la constructora ICA, la que fuera la mayor firma de ingeniería del país y que vive hoy los momentos cruciales que le garanticen o no su sobrevivencia.

Su enfermedad es una deuda por ahora impagable de 65 mil millones de pesos, que la tiene asfixiada en sus flujos de operación y en la antesala del concurso mercantil, es decir, de una suspensión de pagos.

Bernardo Quintana Isaac, presidente y director de la emblemática constructora del Estadio Azteca y de kilómetros del Metro de la Ciudad de México, enfrenta el drama de que su plan de reestructura, promovido por él, está sometido a un severo fuego de accionistas, acreedores y tenedores de bonos de deuda.

Desde agosto del 2017 ICA fue deslistada de la Bolsa Mexicana de Valores y desde entonces un grupo de rescatadores, comandados por el financiero regiomontano David Martínez entraron a plantear una reestructura.

Para comprar tiempo, Martínez a través de su fondo Fintech prestó 215 millones a la quebrada constructora, a un interés del 16 por ciento en plazo de 3 años. Eso daría un impass para lograr que la reestructura prosperara para febrero del 2018. Es decir, ya.

Pero para lograr esa reestructura, ICA debe entrar a concurso mercantil bajo la aprobación de la mayoría de sus socios y acreedores. Y ahí es donde el conflicto se convierte en revolución.

Primero, porque los accionistas no están muy conformes con que se les proponga quedarse con solo el 0.01 por ciento del capital social de la empresa, mientras que sus directivos reservan para ellos el 6 por ciento.

Menos aún que sean Fintech y David Martínez los que retengan para sí el 40 por ciento de las acciones, que es un monto equivalente al 39.9 por ciento de las acciones que le están pagando a todos los demás tenedores de bonos de deuda.

El asunto no cuaja, no fragua, no concreta. Se complica, cuando a los acreedores se les capitalizan sus adeudos a cambio del 11.2 por ciento de las acciones, lo que estiman un monto muy reducido si se compara con lo que logran en conjunto Fintech y los actuales directivos de ICA.

Sobre todo cuando en la reestructura la mayoría accionaria, por la suma de sus posiciones, incluyendo una reserva del 2.7 por ciento de acciones para la Tesorería, garantiza que Martínez y Quintana mantengan el control operativo de la constructora.

La revolución se pone al rojo vivo cuando entre tenedores de bonos y acreedores se cuestionan en cuánto y a quienes se vendieron los activos desincorporados.

En fin, que lo que parecía una reestructura tersa está frenada por la reticencia de quienes no están de acuerdo en que aquellos que orillaron hoy al concurso mercantil a ICA, sean mañana los principales beneficiarios de la reestructura.

¿Lograrán la hazaña? ¿En cuánto se están valuando los activos que retiene ICA? El desenlace está a la vuelta de la esquina.