Los “abajo firmantes”…

Defender una causa, una idea, un derecho o un estilo de vida merece de cierto grado de convencimiento, fuerza para exponer argumentos e incluso un poco de tolerancia a la frustración en caso de que las cosas no salgan como se espera, pero defender a un partido político o un político profesional merece eso y más, entre otras cosas una piel muy dura hacia las críticas y valor, mucho valor, pues al final equivocarse puede ser en verdad costoso.

Es más fácil la defensa de un político y de un partido cuando se es libre, extrañamente la libertad se alcanza cuando se decide serlo, cuando sin ataduras y sin dobleces se hacen patente las filias e incluso las fobias.

En algún momento de mi vida profesional un hombre notable me confió que cuando lanzó su candidatura para ocupar un espacio público, al platicar con aquellos que al final decidían, este les recitó de memoria su vida y sus logros, sin embargo, un poderoso tomador de decisiones lo interrumpió y le dijo “no nos preocupa lo que está en su hoja de vida, nos preocupa lo que no está en ella, nos preocupan los indefinidos”.

Los políticos ansían que aquellos que piensan, que desarrollan sus capacidades intelectuales y de una u otra forma las comparten con la ciudadanía les apoyen, los intelectuales en México son un grupo que goza de ciertos privilegios como ser escuchados, se toma en cuenta su opinión y disenso, gozan de cierta movilidad y prestigio social, lo cual sin duda es legítimo y deseable, incluso algunos caminan de la academia a la iniciativa privada o a la política como actividad profesional.

Algunos de ellos han transitado por años entre los círculos de poder, lo cual es necesario, siempre un punto de vista ajeno, lejano, bien informado y con gran solidez académica ayuda y mucho, pero la cercanía al poder, querer ejercerlo sin haberlo ganado, sin saber cómo actuar, corrompe y en algunas ocasiones destruye.

Un nutrido grupo de intelectuales han firmado en la revista Nexos una carta abierta al presidente Enrique Peña Nieto, exigiendo o que las áreas de procuración de justicia dejen por la paz al candidato Anaya o que den un paso adelante y se le imputen responsabilidades.

Es difícil discernir quienes de ellos tienen una doble agenda pues generalmente sus críticas son abiertas, claras y en ocasiones valerosas por la profundidad de estas, por sus implicaciones, muchos viven de forma sobria y prudente.

Pero no todos son así, aún recuerdo a algunos de los “abajo firmantes” quienes prestos y alegres viajaban por territorio mexicano invitados por la Fundación Colosio en lo que en 2012 se denominó “Encuentros por el Futuro”, algunos corrían gritando alegres para conocer al candidato Peña Nieto y solicitar una fotografía a su lado, los halagos sobraban, las sonrisas también, los registros son públicos y en ellos podemos localizar a más de uno. Lo recuerdo porque lo viví.

En el nutrido grupo podemos también reconocer a ex secretarios de estado, a los impulsores de la iniciativa #3de3, activistas y verdaderos expertos en temas de seguridad y secuestro, directivos de prestigiadas asociaciones civiles y centros educativos, críticos literarios, directivos de prestigiadas publicaciones, y distinguidos constructores de instituciones electorales, entre otros.

Desafortunadamente no hay uno entre todos los participantes que de forma clara y libre salga a decir abiertamente que apoyan al candidato del Frente, de forma tímida, con miedo, declaran que el “posicionamiento no implica de ninguna manera un apoyo a la candidatura de Anaya sino una preocupación fundada en el uso del poder del Estado para incidir en el destino de los comicios”.

Es deseable que alcen la voz por elecciones limpias y en paz, pero no debemos de olvidar que muchos de ellos acompañaron a Javier Corral en su necia cruzada por algunos cientos de millones de pesos que reclamaba para su estado, muchos también estuvieron en las mesas públicas, supuestamente ciudadanas, en donde fue tomando forma la idea del frente político, algunos incluso soñaron con la posibilidad de ser candidatos o de ocupar una candidatura a un puesto de elección popular, claro por la vía plurinominal.

Lo mezquino y deleznable es la indefinición, su mimetismo, esa piel de camaleón que desean vestir para pasar desapercibidos, este ha sido un saque tibio y sin grandes compromisos pues saben que su nombre, sus prestigios, la discreta fama y el poder de influir pueden irse por el desagüe en cuestión de minutos, por ello apuestan a esconder sus filias, sus fobias, sin embargo, también son ciudadanos y tienen derecho a apostar.

Estar dispuesto a aceptar la realidad y llamar a las cosas por su nombre es honestidad intelectual, aquí estamos viendo justo lo opuesto…

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