Católico instruido, no será confundido

4a. y 5a. catequesis sobre el Obispo.

Para concluir estas 5 catequesis sobre el Obispo, hablaremos de él como pastor y guía de la comunidad, el símbolo será el anillo episcopal que significa la alianza del Obispo con la Iglesia, a imitación del amor esponsal que tiene Cristo por su Iglesia. Por eso el Obispo, como lo pide el Papa Francisco, debe saber elevarse a la altura de la mirada de Dios sobre nosotros, para guiarnos hacia Él; el primer requisito es que, a imitación de sus antecesores los Apóstoles, el Obispo sea un testigo creíble de Cristo Resucitado; y no un testigo aislado, sino junto a la Iglesia. Ha de ser un pastor auténtico, no dueño de la Palabra, sino siervo de ella; mientras que los fieles de la Diócesis debemos estar unidos a él, como la Iglesia está unida a Jesucristo y como Jesucristo lo está al Padre. El Obispo trabaja en comunión con todos los Obispos del Mundo que forman el Colegio Episcopal, el cual guía a la iglesia unida a la autoridad del Papa, quien preside a la Iglesia Universal.

Los Obispos, como vicarios y enviados de Cristo, rigen las Iglesias Particulares con su ejemplo, su consejo, su autoridad y sacra potestad, a fin de edificar a su grey en la verdad y en la santidad; conduciéndose con humildad, a ejemplo del Buen Pastor. El Obispo ha de presidir la Diócesis en la caridad, orientar los esfuerzos apostólicos, vigilar la disciplina, coordinar a sus colaboradores que son los Presbíteros y los Diáconos, proveer a cada Parroquia de su pastor (el Párroco) y representar a la Iglesia Diocesana. Los Presbíteros forman, con el Obispo, un solo presbiterio, toman sobre sí una parte del trabajo del Obispo y la ejercen en su trabajo diario; han de reconocerle como padre suyo y el Obispo considerarlos sus hijos y amigos, así como Cristo, que no llamaba siervos a sus discípulos, sino amigos (Jn. 15, 15). San Agustín, Obispo de Hipona, explicaba su gran responsabilidad de llevar a su grey a Dios, pues no hacerlo podría ser motivo de su condenación.

Finalmente hablaremos del Obispo como signo de unidad y de comunión. El símbolo será la Cruz Pectoral, que recuerda al Obispo que Cristo Señor nuestro, murió por él (y por nosotros) en el Calvario, que nuestra fe fue sellada por la sangre de nuestro Señor. Así como escribió San Pablo a los Corintios (1Cor. 12, 4-7 y 12), hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; el cuerpo tiene muchos miembros, pero todos forman un solo cuerpo. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, en Ella hay unidad, que no es sinónimo de uniformidad. En el Credo profesamos que nuestra Iglesia es “una”, pues esa unidad le viene de la Santísima Trinidad, es decir, la unidad que hay en tres Personas distintas que forman al único y verdadero Dios.
El Obispo en su Iglesia Particular es “el principio visible y el fundamento de la unidad” (LG 23), tiene la misión de custodiar, garantizar y promover la unidad de la Iglesia; a través de gestos típicos de su ministerio, como el anuncio de la verdad, el don de la gracia reconciliadora, el servicio de la caridad. Ha de favorecer e incentivar la comunión entre los presbíteros, personas consagradas y fieles laicos, a fin de que en la Diócesis se viva esta triada: Palabra-Sacramento-Caridad; es decir, que exista una coherencia y unidad entre lo que se predica, lo que se celebra y lo que se vive; los presbíteros son partícipes de esta misión de velar por la unidad, pero dicha misión se extiende también a los laicos, pues “la vida de comunión eclesial será signo para el mundo y una fuerza atractiva que conduzca a creer en Cristo”  (Exhort. Apost. Christifideles Laici). ¡Que así sea!.
LUBIA ESPERANZA AMADOR.
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