De fiesta en Zacatepec

SENDERO

Oaxaca, Oax.- Pasar unos días de fiesta en Santiago Zacatepec Mixe, vivirlos intensamente y aprovecharlos al máximo, me sirvieron para confirmar la existencia de una gran riqueza cultural que conservan las comunidades originarias, que a pesar de sus limitaciones económicas, los pueblos, las autoridades municipales y padres de familia hacen el esfuerzo extraordinario para no descuidar este aspecto, que es parte fundamental de su identidad cultural.

La celebración de la fiesta del Quinto Viernes de Cuaresma, en honor del Señor Jesús de las Peñas, cuya imagen llegó a Zacatepec hace 130 años, congregó a bandas de música mixes como las de Santa María Tepantlali y Santa María Puxmetacán; la del Centro de Integración Social No. 8 de San Bartolomé Zoogocho, Villa Alta, de la sierra zapoteca; de Huajuapan de León, de la región mixteca y una más, la de Etla, de los Valles centrales, a las que se sumaron las bandas infantil, juvenil y de adultos de la localidad anfitriona.
Con una organización que han consolidado muy bien los pueblos indígenas, en la que participan las autoridades municipales y las comisiones de festejos, este tipo de fiestas se desarrollan durante varios días, desde la calenda hasta la despedida a las bandas. Zacatepec es un ejemplo de ello, que en esta ocasión contó también con la actuación de la Orquesta Primavera de Oaxaca, bajo la dirección del maestro Rodolfo Sánchez Vega.
Aparte de los actos religiosos, encabezados por el obispo Héctor Guerrero Córdova y el párroco Jorge Arias Guerrero, hubo igualmente una feria gastronómica organizada por cuarta ocasión consecutiva por la Escuela Secundaria General “José Vasconcelos”, que incluyó la presentación de la danza autóctona rescatada de Los Aztecas, con la participación de personas de la tercera edad y del artista plástico Octavio Aguilar; el estreno de la canción Son Zacatepec, de Eduardo Julián Caballero; la presentación del grupo folklórico de maestros jubilados y escolares, torneos deportivos, etcétera.
Los músicos cubren espacios que son ya tradicionales en los pueblos de la sierra mixe y zapoteca. Desde su llegada al pueblo en que son recibidos con todos los honores hasta que son despedidos de igual manera, ellos  dan las mañanitas frente al templo, alegran el espacio público destinado para la fiesta, la explanada municipal y también las casas adonde son conducidos para tomar sus alimentos, pero hay un momento que todos esperan: la gran convivencia musical en la que cada banda interpreta por separado sus mejores melodías y al final tocan bajo una sola batuta, las piezas convenidas, que en esta ocasión fue algo extraordinario en Zacatepec.
En este marco festivo platiqué con el maestro Alfredo Reyes Juárez, director de la banda de música de Santa María Tepantlali, uno de los compositores notables mixes de la actualidad que continúa una tradición  dedicada a la música heredada de su padre, don Bernardo Reyes, y la sigue su hijo Galo Reyes Jiménez, quien aprendió desde pequeño andando de aquí y allá con su padre, continuó su aprendizaje en el Centro de Capacitación Musical en Santa María Tlahuitoltepec y en  instituciones superiores de la Ciudad de México. Tiene otro hijo tocando en la banda del pueblo. 
 
“Qué puedo decir, mi trayectoria ha sido totalmente en el campo de la música. Tengo ya varios años de estar al frente de la banda de Tepantlali y mi trabajo consiste en formar bandas filarmónicas, en apoyar con la anuencia y apoyo de los padres de familia, a los niños, adolescentes y  jóvenes, en llamarlos a que aprendan la música en vez de dedicarse a otras cosas. De esta manera he estado trabajando con ellos y gracias a Dios he tenido buenos resultados, ha habido buenos frutos”, expresa mirando a sus muchachos.
En las convivencias musicales en las que han participado de comunidad en comunidad, como esta vez en Zacatepec, reconoce que adquieren  más experiencias y conocimientos, pues los motiva a  cumplir compromisos de la mejor manera. “La música es tan difícil y tan delicada. No se pueden hacer las cosas a la perfección, pero se hace todo lo posible y hay razón del por qué: los niños, adolescentes y jóvenes no solamente se dedican a la música, sino también a otras actividades como ir la escuela que es prioritaria, por eso hay a veces altas y bajas, pero no es para desanimarse sino hay que buscar la manera de seguir siempre adelante”.
Recuerda con satisfacción algo histórico que le ha marcado la vida: haber tocado en la banda conjunta que integraron Santiago Zacatepec y Santa María Tepantlali para interpretar la Misa Oaxaqueña, de Timoteo Cruz Santos, en la visita del Papa Juan Pablo II a Oaxaca en 1979. El solo  hecho de estar cerca de Su Santidad es algo difícil de olvidar, dice. Ensayaron durante varios días en el exconvento de la villa de Etla con los maestros Antonio Romero Jacob, de Zacatepec, y Bernardo Reyes, su padre, hasta que quedó la misa y finalmente la tocaron en la explanada de la Catedral oaxaqueña.
Su padre empezó a formar una nueva generación de músicos en 1958 y él fue uno de los primeros  integrantes. Al paso de los años se convirtió en su brazo derecho, pero no solo en la organización y la dirección, pues ha formado cinco nuevas generaciones, sino en la tarea creativa. A la fecha ha escrito alrededor de 180 obras de diferentes géneros que interpretan las bandas mixes y no mixes, como en la convivencia musical de Zacatepec donde se incluyó el son “El Mayordomo invita”, escrito por él y dirigió su hijo Galo, quien viajó de la Ciudad de México para apoyarle.
Algo muy interesante en su vida es haber sido presidente municipal de su pueblo durante el trienio 1984-1986. Pasada esta responsabilidad de usos y costumbres volvió a lo suyo. Tiene ahora tres oberturas en proceso que pronto quedarán listas para que la toquen.
  “Trato de continuar el trabajo de mi padre y gracias a Dios no lo estoy defraudando. Hago todo lo posible de no fallarle y espero que mis hijos le den seguimiento a esta tradición familiar”, concluyó.