¿Fue el Tratado de Libre Comercio bueno para México? Sí lo fue. ¿Tuvo costes de orden social interno? Sí los tuvo.

¿Ganamos en maquiladoras y ensambladoras? Sí ganamos.

¿Perdimos en el campo, en integración social y en muchos signos de lo que éramos? Sí, los perdimos.

No obstante ¿el balance es a favor o en contra del TLC? Definitivamente a favor. En este momento, tal vez finalmente, podemos decir que tenemos, no una firma ideal – no existe lo perfecto, nadie lo es, ninguna situación lo es – sino un tratado lo menos malo posible. Pero, en este tiempo electoral, quisiera recordar que el mundo en el que nació el TLCAN, ya no existe.

El mundo en el que nació era el de la conquista de la Organización Mundial del Comercio. Era el momento en el que derribar las fronteras era el objetivo y en el que Europa soñaba con ser Estados Unidos Europeos; era el momento en el que los aranceles estaban de salida y la libertad estaba de entrada.

El mundo en el que vamos a renegociar el TLC es un mundo en el que los tratados y sus aranceles están de vuelta y todo ha vuelto, no hacía atrás, sino en una situación diferente, en el sentido de tener un entorno completamente distinto.

Es un nuevo entorno difícil de imaginar. Cuando hicimos el Tratado de Libre Comercio, Estados Unidos era la primera potencia económica mundial indiscutible.

Hoy, Estados Unidos es la primera potencia mundial, junto con China, con quien indiscutiblemente se está embarcando en una guerra comercial. El mundo discurría por el Pacífico y el Atlántico. Hoy discurre por el Atlántico, el Pacífico y por el Mediterráneo.

Es decir, todas las geoestrategias que sostienen las políticas comerciales han cambiado. Entonces, que lo que se firme no le impida a México buscar sus otras salidas naturales en otros mercados y con una relación preferente, por ejemplo, con la otra gran potencia mundial económica y comercial de hoy, llamada China.