La realidad manda

Y poco a poco, nos vamos alejando de los grandes planteamientos teóricos. Y poco a poco, los eslóganes de campaña son sólo eso, eslóganes. Y poco a poco, la realidad se va colocando por encima de esta extraña realidad -que significa el anticipo y promoción del sueño- que es al final del día, cualquier campaña electoral.

La crisis con Estados Unidos -sin duda alguna la más grave desde hace 30 años- es bipolar.

Por un lado, da la sensación de que, en cualquier momento algo puede pasar, en el sentido positivo. Sorprende para bien, la unidad que se ha conseguido por la vía de la racionalidad y de la defensa de conceptos, como las cláusulas de origen con Canadá.

Trump, y los Estados Unidos, pensaron que sería posible dividir el patio en dos, o que otra alternativa sería negociar y llegar a acuerdos, junto con Canadá, en contra de México. Eso, por el momento, parece que no va a ser posible.

Pero mientras esa crisis va dando una conformación de unidad nacional -y de problema que lo desborda todo- también va alterando el ritmo dialéctico, propagandístico y de vacío de promesa, que significa gran parte de una campaña electoral.

Lo concreto siempre es lo más difícil. Por eso ahora, ya sin más películas, sin más razones históricas, sin más “cree en mí, que yo sabré cómo hacerlo” –como el ejemplo de que la lucha contra la corrupción se convertirá en el gran motor del crecimiento nacional-.

Hay que saber dar respuestas concretas, y las respuestas se formulan sobre incógnitas que ofrece la realidad nacional, y para la que están los partidos políticos. Para eso les pagamos, para eso los tenemos, para eso lo soportamos.

No sé si es mucha o poca la diferencia que separa al líder de las encuestas con del número dos, -superado ya el debate de quién es realmente el ganador. Pero sí creo que, en este momento empieza a tomar sentido una sensación, que durante todos estos meses ha estado impregnada en esta muy singular campaña electoral.

Desde el centro del poder, desde la casa de todos, desde Los Pinos, siempre es de sorprender que no haya un Plan B.

No se acepta, ni se dispone, ni está previsto, que se puedan perder las elecciones.

Entonces, no voy a decir que esto signifique un adelanto que puede producir un cambio a la mala, o un cambio sucio al resultado electoral, sino que, da la impresión de que alguien cree tener no solo las claves, sino el arma nuclear que permita cambiar la tendencia del voto.

Ahora sí, tomen su nota porque lo concreto y real es lo que va a salvar esa diferencia, sea de nueve o de diez puntos, que parece insalvable pero que, como nos ha demostrado la vida una y otra vez, nada es lo que parece y, en México, todo puede pasar.

Tengo la sensación de que la verdadera campaña empieza ahora.

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