La salud y los oaxaqueños (Sexta parte)

EL SR. DOCTOR JOSÉ E. LARUMBE

“DESCUBRIDOR DE LA CAUSA EFICIENTE DE LA

CEGUERA ONCHOCERCOSICA:  LA MICROFILARIA

EN LOS TEJIDOS OCULARES”

Oaxaca, Oax.- Nació en Linares, Nuevo Leon, en el año de 1883, estudió en el colegio civil de Monterrey y en el Ateneo Fuente de Saltillo, Coahuila, en 1910, obtuvo el título de Médico cirujano en la Escuela Nacional de Medicina, siendo practicante del Dr. Urrutia, radicó después en Berlín y Estocolmo, y en 1914 asistió a la clínica de Oftalmología del Hotel “Dieu” en Paris, siendo nombrado monitor de la misma hasta febrero de 1915, presentó examen a título de suficiencia en los Estados Unidos, registrando su título en Augusta, Maine, el 7 de julio de 1915, el 30 de abril de 1916, ingresó a la primera división regional de Caballería de Coahuila con el empleo de Teniente coronel auxiliar médico cirujano, y en 1918, a los 35 años de edad, sentó plaza en nuestra Antequera como ciudadano adoptivo desde el primer día, encargándose de la dirección del Hospital Militar hasta el 31 de diciembre de 1930, en que este fue suprimido en la antigua calle de las casas estableció su consultorio para atender medicina, cirugía general y la especialidad de Oftalmología, en poco tiempo contó con la amistad de las gentes de la ciudad y de las del campo oaxaqueño, penetrando su cordial simpatía y competencia profesionales en la sierra, en la costa, en la mixteca, en el istmo, en la cañada y en Tuxtepec, no quedando muy pronto rincón alguno sustraído a su atractivo personal y a su infinita caridad de médico amigo de los indios. Era nuestro amigo  “De complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la  caza” y fue con estas cualidades de quijote y tartarin como pudo en poco tiempo adueñarse de la confianza y simpatía de los habitantes del estado, quienes desde los primeros tiempos de su adopción como ilustre oaxaqueño, lo vieron transitando por los caminos de herradura, caballero en sus preferidas mulas de Yaxe en busca del venado y del puma, del coyote y del conejo, del pato, de la garza, de la liebre, del tepexcuintle, del jabalí, del armadillo, de la nutria, del mono coludo, del cabeza de viejo, del garrobo, de la iguana, del temazate, del anteburro y de cuanto animal de pelo y pluma, de uña  o pezuña hendida podía encontrar en los riscos y cañadas: todos le interesaron por igual, desde el chupamirto hasta la legendaria pantera negra de la costa.

Recordar al señor doctor Larumbe únicamente en el aspecto serio de su atractiva personalidad médica, seria cometer grave desacato al genial Tartarín y humorista, al cuentista sin par y charlista de epopeya, a quien en el descanso de los campamentos hacia desfallecer de risa a sus oyentes hasta provocar la más franca atonía de la fibra lisa; así veremos sus actividades de cazador, considerándolas como la parte fundamental de tan recia personalidad y como la causa eficiente de sus investigaciones científicas en el abrupto territorio serrano: atrapó víboras de cascabel, coralillos, boas, nauyacas, víbora negra, mano de metate, lagartos y no desperdició tlacuache ni cacomiztle ni zorrillo cuando le salían al paso, y a estos pestilentes y hermosos bichejos los desposeyó quirúrgicamente de sus glándulas pestíferas, cazó animales en las tierras calientes y frías, altas y bajas, que todas eran buenas para su entusiasmo, introdujo en los cotos de Oaxaca la linterna de caza, primero de carburo y después eléctrica, inventó redes para atrapar patos y liebres, complicadas trampas para carniceros, rumiantes y volátiles, nadie mejoró su brinco caballo abajo sobre el armadillo ni sus técnicas osteosíntesis en los fémures fracturados de los patos, las liebres abatidas que esperaban inminente visita de la cigüeña podían morir tranquilas, la cesárea pronto y eficaz, en el mismo campo de cacería, aseguraba a los tiernos críos su ingreso al orfelinato de roedores establecido por nuestro cazador en frente del paseo Juárez,  allí los pequeños huerfanitos eran amamantados por nodrizas de su misma especie, o con cogeros  hábilmente manejados por el personal técnico de la casa-cuna, con el 30 automático en la mano, el 22 americano o el 30-06 cuando se trataba de piezas mayores, iba y venía sin darse punto de reposo en ninguna estación del año, en la docta compañía de don José Baigts y don Alfonso Tort; al parecer estas “idas y venidas, vueltas y revueltas” no tenían otro objetivo más que asesinar a toda clase de bichos, defensos o indefensos, en asombroso tiro de bala rasa larga distancia o con trabucazo nocturno a la luz de la linterna, pronto se vio que tales aficiones sirvieron para acercar en un terreno humano por excelencia, al biólogo y médico sanitario, cirujano y oculista, que de todo tenía, con los pueblos olvidados en las más abruptas regiones del territorio del estado, en la mayor parte de las cuales llegaba con él, por vez primera un profesionista de la medicina, curando, operando, tomando el pulso de edemias y endemias, canalizando enfermos a la ciudad, todo ello sin cobrar honorarios, acaso recibiendo ayuda de “Guías”, alguna cazuela de frijoles parados, con docena de truchas de Totolapan con salsa de chile ancho, rociadas con mezcal, chapulines y sal de gusanitos, ayudas personales en el peligro o revelación de buenos cazadores, fue así como ejerció el arte de S. Humberto y de Tartarín, recetando y curando a los pobres del campo, resolviendo una presentación de hombro en un petate, descubriendo, abscesos o amputando un miembro  sin cobrar jamás en efectivo. En 1925 por informes del señor general Onofre Jiménez, candidato al Gobierno del Estado, llegó a su conocimiento que en el pueblo de Tiltepec, ubicado en la parte norte del Distrito de Ixtlan, todos o casi todos los habitantes eran ciegos y poseído del más humano cristianismo, allá va nuestro médico y cazador con su equipo humano de transporte y aprovisionamiento, surtida su despensa ambulante de carne fresca de venado, buscando el médico a los ciegos y el cazador a la danta o se al paquidermo americano. Avistó su meta el 5 de abril del mismo año, después de varias jornadas largas desde Oaxaca, aquella noche le informo el “Guía” que había visto huellas del “Anteburro” alrededor de la peña “que está detrás de la iglesia”, con tales noticias preparó el arma de más grueso calibre y en el lugar  de los hechos, a la luz de la linterna de carburo, descubrió quistes en el cuello del guía y al mismo tiempo le preguntó en que sitio había visto las huellas de la danta, a lo que el socarrón viandante contesto: “hace como 20 años las vi, cuando todavía veía bien”.  

Era cierto, la población entera estaba atacada por el mal de la “ceguera”, algún habitante que hablaba mejor “la castilla” refirió que era maldición divina, porque hacía mucho tiempo, en un pueblo cercano, sus antecesores habían vejado a un virtuoso sacerdote y el cielo los había castigado con nubes de vampiros que Vivian en las cuevas y aun en los muros de la vetusta iglesia, “Chupaban la sangre de todos los habían hecho ciegos”, que ahí estaba una gran campaña que indicaba que las anteriores torres de la iglesia habían sido muy grandes y fuertes, que las generaciones inmediatamente anteriores habían sufrido el castigo y ahora no queda más que una población macilenta, enferma de los ojos que cada día se alejaba más de la luz. En el pueblo halló unos 400  habitantes, de los cuales eran ciegos absolutos más del 5%, como un 50% semiciegos y el ciento por ciento parasitados, todos con quistes en el cuello y en la nuca que se notaban a primera vista, no existían cuadrúpedos doméstico, las mulas, caballos, bueyes, borricos, marranos y chivos habían desaparecido, abatidos por las mordeduras de los vampiros que los sangraban noche a noche hasta consumar su exterminio, solo encontraron un gato que dormía protegido en un horno de pan, al obscurecer era de verse cómo la indias defendían a sus hijos encerrándolos en jaulas de madera tapadas con manta, así encontró el Dr. Larumbe el foco principal de la oncho-cercosis de la Sierra Juárez, con la importante observación de que todos los enfermos presentaban quiste en el cuello y en la región occipital. 
(Tomado  del  homenaje  que rinde a su memoria el Doctor Luis Cervantes M.)

Continuará….

Oaxaca, Oax., a 15 de Abril de 2018.
Jorge Alberto Bueno Sánchez.
Cronista de la Ciudad de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M.

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