¿Los católicos adoramos imágenes?

CATÓLICO INSTRUIDO, NO SERÁ CONFUNDIDO.

Definitivamente no. Los católicos no adoramos imágenes, puesto que no somos idólatras.

Antes de adentrarnos en el tema, me gustaría que definiéramos cuatro términos:

a) Imagen: Es cualquier tipo de figura o representación de alguien o algo. Por ejemplo las fotografías de personas, animales o cosas, una maqueta, una escultura, una pintura, una radiografía, etc.
b) Ídolo: Es un falso dios, una imagen o una estatua considerada como dios, con vida y poder (Sab., caps. del 13-15), que se pone en el lugar de Dios, como en el caso del becerro de oro (Ex. 32, 1).
c) Veneración: Es lo mismo que respetar. En este sentido yo venero a mis padres, abuelos, a los santos y por supuesto a la Santísima Virgen María, a quien le tengo un respeto especial por ser la Madre del Único Dios por quien se vive.
d) Adoración: Es reconocer a una persona o un objeto como ser supremo, creador y dueño de todo. Los católicos adoramos a un solo Dios (Mt 4, 10).

Partiendo de esto, comprenderemos que no es lo mismo una imagen que un ídolo; así pues, efectivamente en Éxodo 20, 4, Yahvé dice: “No te hagas estatua ni imagen alguna de lo que hay arriba, en el cielo, abajo, en la tierra, y en las aguas debajo de la tierra”; sin embargo,  no está refiriéndose a cualquier tipo de imágenes, sino a los ídolos, es decir, a los falsos dioses; pues en el versículo inmediato anterior, dice: “No tendrás otros dioses fuera de mí” (Ex. 20,3).

Es muy importante leer la Biblia en su texto, pero también es elemental conocer y tener en cuenta el contexto. Obviamente, en la época del Antiguo Testamento no podía representarse a Dios, ya que hasta ese momento era invisible e incomprensible; pero la Encarnación del Hijo de Dios inauguró una nueva “economía” de las imágenes, pues, como dijo San Juan Damasceno, “ahora que se ha hecho ver en la carne y que ha vivido con los hombres, puedo hacer una imagen de lo que he visto”.

Dios no está en contra de imágenes que representan a alguien o a algo, siempre y cuando no tomen el lugar de Él; esto lo podemos advertir en la propia Biblia, pues fue Dios mismo quien pidió a Moisés construir algunas imágenes:
“Asimismo, harás dos querubines de oro macizo, y los pondrás en las extremidades del Lugar del Perdón, uno a cada lado (Ex. 25, 18-19); “Moisés habló por el pueblo y Yahvé le respondió: Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire, sanará” (Núm. 21, 8). Cabe destacar que la serpiente de bronce que Moisés había fabricado en el desierto, fue destruida posteriormente por el rey Ezequías (716-687 a.C), pues los israelitas le ofrecían sacrificios y la llamaban Nejustán (2 Re 18, 4); es decir, convirtieron la imagen en un ídolo y eso sí que está mal.

Como puedes observar en las definiciones del inicio, no es lo mismo venerar que adorar. Nosotros, los católicos, veneramos (es decir, respetamos) las imágenes sagradas que nos recuerdan a Dios o a sus siervos, pero no las adoramos, pues no son dioses; sino que tienen la finalidad de proclamar el mismo mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra, y ayudan a despertar y alimentar la fe de los creyentes.

Una vez me visitó una Testigo de Jehová y me dijo que cuando “conoció al Señor” se dio cuenta de lo que dice la Biblia en Éxodo 20, 4; y que por eso ella, cuando cambió de religión quemó todas las imágenes católicas que tenía en su casa, pues así interpretó lo escrito en Deuteronomio 7, 25: “Quemarán las esculturas de sus dioses”. Yo le expliqué que la Biblia habla de dioses, es decir de ídolos, no de imágenes, pero no quiso entenderlo; igualmente yo no entiendo por qué, si los hermanos separados consideran que todas las imágenes son malas, no queman entonces las fotos familiares y sus credenciales, o por qué no queman todos los billetes que tengan, ya que en ellos también vienen las imágenes de héroes nacionales; eso sí, prefiero no recordarles que ellos mismos (al igual que todos los hombres) son imagen de Dios (Génesis 1, 26), no sea que en un arranque de fanatismo quieran prenderse fuego… ¡qué barbaridad!

En fin, es difícil que nos pongamos de acuerdo con los hermanos separados sobre el tema de las imágenes religiosas, por eso no nos enfrasquemos en discusiones infértiles, mejor evitemos que nuestras prácticas sean malinterpretadas. Por ejemplo, no pasemos de largo frente al Santísimo, apurados por ir a rezar delante de la imagen de San Judas Tadeo o San Antonio de Padua, por citarte a los santos más “taquilleros” (perdón por la expresión); sino que, cuando acudamos al Templo, en primer lugar pasemos a darle adoración a Nuestro Único Señor Jesucristo, en donde está no en imagen, sino verdaderamente presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, me refiero a la Sagrada Eucaristía; después vayamos a venerar (mas no adorar) las imágenes de Cristo, especialmente en la Cruz, a fin de recordar que nos ha amado hasta el extremo y despertar en nuestro corazón el deseo de corresponder a su amor infinito; y finalmente veneremos las imágenes de la Santísima Virgen María y de los santos, quienes son ejemplo de seguidores de Cristo, pero no lo hagamos únicamente con la finalidad de pedir su intercesión (me refiero a la intercesión de la persona, no de sus imágenes), sino también hagámoslo con el objetivo de avivar en nosotros el deseo de imitar sus virtudes. ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.
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