Debate de sordos

Oaxaca. Hasta hace algunos años, los debates políticos se daban sólo al interior de los partidos políticos o en la tribuna parlamentaria. Con el surgimiento de los medios masivos de comunicación los debates han llegado a la arena electoral. Si antes los lugares de encuentro de la ciudadanía eran las plazas, los bares, los mercados, los cafés y hasta las peluquerías, hoy el espacio público es otro. La televisión  ha sido casi desplazada por las poderosas e influyentes redes sociales como Facebook, Twitter y otros medios alternativos como WhatsApp y las aplicaciones para los sistemas operativos iOS y Android y donde verdaderamente se dará el debate ciudadano.

Hoy, el contacto cara a cara ha sido reemplazado por otras formas de comunicación. La ventajas de las redes sociales son que permiten llegar a más personas en menos tiempo y la desventajas son que debilitan los lazos personales y se vuelcan en una guerra de usuarios anónimos y robots sincronizados (bots) para atacar a los adversarios y bombardear con mensajes a la ciudadanía con noticias falsas  o sensacionalistas (fakes) .

El contacto directo y masivo en plazas públicas había sido  la opción más utilizada por los políticos tradicionales durante sus campañas hoy se concentran más en posicionar una tendencia en Twitter (hashtag) o un meme descalificando al adversario. La distancia entre la ciudadanía y los aspirantes a un cargo público es cada vez mayor; y en un escenario de fuerte fragmentación política, las opciones parecen cada vez más difusas.

Bajo este contexto, la política ha sufrido cambios y fracturas. Algunos países democráticos han aceptado esta realidad con más naturalidad que otros. Lo cierto es que en todas las democracias contemporáneas y sistemas políticos avanzados los candidatos discuten abiertamente sus propuestas de solución ante los grandes problemas nacionales y los debates son un instrumento de cercanía y transparencia  ante su electorado potencial no un escenario de descalificaciones y lugares comunes.  Pero ¿Qué elementos debe tener un buen debate?

Existen distintas modalidades de debate pero cinco factores constantes a considerar:
1. Formato: La duración del debate, el  tipo de discurso y las respuestas. No es lo mismo tener un minuto para responder que cinco minutos con lugares comunes  y descalificaciones sin propuestas que vuelven aburrido el mejor debate. Sobre los temas. ¿Quién los decide? Las preguntas ¿Quién las realiza? ¿Habrá o no participación de la ciudadanía o de periodistas? ¿Saben los candidatos de antemano los temas? ¿Quiénes participan?; ¿Todos los candidatos participan, algunos, los que van primeros en las encuestas?  El grado de interacción entre los candidatos. No es lo mismo, por ejemplo, si pueden interrumpirse o si no pueden.
2. Los participantes: Quién participa afecta todos los elementos del debate, tanto por el número de candidatos como por quiénes son invitados. Los debates con múltiples candidatos reducen el tiempo en que cada uno responde, el número de temas y las posibilidades de atacar y defender. Además muchos participantes vuelve cansado un debate para el espectador.
3. El contexto: Los debates no ocurren en un vacío ni son vistos e interpretados de una sola manera. Varios elementos de contexto influyen en el formato, contenido, estrategia. ¿Cuál es el contenido de lo que los candidatos dicen?  Diversos autores han encontrado un soporte empírico sobre la contribución de los debates televisivos en el aprendizaje de los televidentes. Si los votantes están inseguros respecto a los candidatos, ya sea porque no tienen suficiente información o porque están  indecisos respecto al voto, el potencial de los debates es poderoso.
4. La presentación del candidato: Lo que los candidatos dicen y cómo lo dicen contribuye a las impresiones que los televidentes se llevan. En este sentido, el estilo en que los candidatos se presentan frecuentemente se sobrepone a su discurso.
5.  La cobertura de los medios y la cuestión de la difusión: “¿Puede influir la percepción de quién ganó el debate?”. Muchas veces se realizan encuestas o grupos de enfoque para ver quién ganó. O simplemente, el hecho de que los medios hagan comentarios posteriores ya genera repercusiones, independientemente de cuánta gente lo haya visto.

Los debates en Mexico se han convertido en un espectáculo de televisión y una guerra de posterior en redes sociales. Mientras que en otras democracias en el mundo es una práctica para que la ciudadanía conozca las ofertas de gobierno, acciones, trayectoria de las candidatas y candidatos. En nuestro país los debates se han vuelto una exposición aburrida de lugares comunes y descalificaciones en el que cada candidato se escucha a si mismo en un debate de sordos y no escuchan a la ciudadanía.

Por ello no solo es necesario garantizar condiciones de equidad a los candidatos sino dar a los ciudadanos voz y participación, todos ellos elementos básicos de toda sociedad democrática contemporánea. Finalmente, un debate en una democracia contemporánea  sin ciudadanos es como lo diría Gabriel García Marquez: “es algo así como repicar para llamar a misa pero sin campanas”.

* Politólogo del CIDE, Magister en Investigación Social y Desarrollo de la Universidad de Concepción en Chile y Maestro en Administración y Políticas Públicas de la Universidad de Columbia en Nueva York.

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