El eterno perdedor…

Por alguna extraña razón la humanidad gusta de los antihéroes, de los reyes sin corona, esos personajes atribulados, difíciles de digerir, a los que todo les sucede, cuando apenas salen de un problema otro les espera, y por imposible que sea de creer México tiene una extraña tradición y atracción hacia esos personajes malditos por la suerte que a punto de lograrlo simplemente no lo logran.

Conocemos a Pepe El Toro, a Susanito Peñafiel y Somellera, a la Selección Nacional y hoy por hoy ocupa con mucha dignidad el primer estrellato, Andrés Manuel López Obrador.

En agosto de 1999 a quien después ocupara la presidencia del Tribunal Superior de Justicia del antes Distrito Federal y a su equipo de confianza, el jefe de gobierno en funciones le sugirió el diseño e implementación de la primera integración de la sala local del Tribunal Electoral, el primer caso que informalmente abordarían los primeros magistrados de dicho órgano fue la residencia y derecho a votar y ser votado de López Obrador, presidía la sala Raciel Garrido Maldonado, no tardo mucho en llegar la impugnación en contra del acuerdo del IEDF que otorgaba al tabasqueño la candidatura, quienes habían sido aspirantes a magistrados sabían del tema y estaban preparados.

Las notas hemerográficas de aquellos años dan cuenta de la discusión que se suscitó, mientras que Raciel Garrido Maldonado, Hermilo Herrejón Silva y Juan Martínez Veloz votaron a favor del acuerdo del órgano electoral, Mario Bermúdez Molina y Rodolfo Terrazas Salgado votaron en contra, contrario a lo que se piensa los magistrados hicieron la primera interpretación pro persona, maximizando los derechos ciudadanos del candidato, el PRI ya había perdido la mayoría en la cámara de diputados, la transición ya estaba encaminada, lo que podía o no opinar el Dr. Zedillo, presidente en funciones, era francamente irrelevante.

La conquista de la jefatura de gobierno ha sido el único triunfo por saber de López, fracasó en su intento a gobernar su estado natal en un par de ocasiones y en el mismo número de oportunidades al bate perdió la presidencia de la república, justo es decir que la estructura electoral nacional se pasmo y alambicó derivado de las reformas que supuestamente auguraban gobernabilidad, concedidas a López primero por Acción Nacional y después por el Revolucionario Institucional.

En 2007 la reforma tuvo su eje en la prohibición a la ciudadanía y al empresariado para contratar publicidad en radio y televisión de ahí el modelo de comunicación política subrogado por el ciudadano vía el gasto público, mientras que la reforma de 2014 apostó a la centralización del aparato electoral, lo cual ha generado un sinfín de problemas a propios y extraños, pero a pesar de ello parece funcionar.

En el inter, López tomó y quemó pozos petroleros, organizó un par de marchas multitudinarias de Tabasco al ex DF, invadió el Zócalo no en pocas ocasiones, ocupó ilegalmente Paseo de la Reforma, se cruzó el pecho con una copia de la banda presidencial hecha de satín barato -supuestamente fue el modelo utilizado por Benito Juárez- todo aderezado con una poltrona de pino barnizada en café en alusión a la Silla del Águila, presidió varios partidos y fundó el propio, entre otras tantas linduras.

Derivado de ello hemos podido observar dos cualidades que lo describen de forma descarnada, es un radical sin asidero y no hay posibilidad de generar acuerdos políticos con la oposición a no ser que estos estén revestidos de un halo de ética pública, esto último nunca sucede.

Haberse reinventado como un rey sin corona le ha permitido posicionarse como un influyente líder social, de corte evangélico y pocas luces, su cercanía con sus seguidores le ha redituado lo que a ningún otro político mexicano en los últimos veinte años, sin embargo, incluso los perdedores necesitan un reemplazo.

La agenda pública desde el año 2000 ha sido dictada por su cortedad de miras, por su instinto y por la agalla más que por la visión de un estadista y, nos guste o no en ello ha triunfado, los partidos adversarios a López han tenido que caer en la tentación populista para ser competitivos, la estructura electoral de poco sirve a pesar de su sofisticación y diseño de punta porque nunca ha reconocido ni reconocerá una derrota, destruyó la única propuesta de izquierda medianamente competitiva y necesaria en cualquier sistema político del mundo moderno, conquistó la derecha mexicana medianamente racional y gracias a su discurso incendiario nos ha dividido entre buenos y malos, inocentes y corruptos.

El domingo 22 abril pudimos atestiguar el debate presidencial organizado por el Instituto Nacional Electoral, cuyo diseño enriquecido por los representantes de partidos políticos y los representantes personales de los candidatos hizo de este un ejercicio fuera de serie, en el observamos a un López viejo, cansado, mal educado, desaliñado, iracundo, el hombre que no pudo responder respecto al cuestionable manejo del arca pública que se le otorga a su partido, al líder que le encuentra chamba a sus hijos y a su familia nuclear, al político que a pesar del paso del tiempo no logra articular una nueva propuesta, al que ya no emociona, el lento en reflejos físicos y políticos, observamos estupefactos una mala copia del rabioso Andrés Manuel del 2006 que probablemente fue la mejor versión de sí mismo.

El problema de los reyes sin corona, de los héroes sin calle ni rotonda, de los próceres que no aparecen en los billetes y que no son recordados en los himnos nacionales es que sus personajes fueron diseñados para sufrir, no para construir, aparecen en una corta serie histórica de tres capítulos seis a lo mucho.

Hoy atestiguamos el ocaso del patriarca, la lucha electoral esta ahora en otra arena…

@DrThe

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