Oaxaca. Interpretar el proceso de la campaña presidencial sin marco referencial teórico es pura especulación, para no caer en esa situación, entendemos la competencia electoral como una guerra, por lo tanto, de lo que se trata es derrotar al enemigo con las normas y medios que ofrece el arte de la guerra, tales como la estrategia, la táctica, la maniobra, la fuerza, la posición, la propaganda, la opinión, las virtudes de los contendientes, por mencionar sus elementos.

Lo primero que define esta guerra electoral es la situación de los contendientes en el campo político. Este campo se puede definir con mayores ventajas para Andrés Manuel López Obrador, ha logrado ubicar a los otros contendientes en el mismo saco, en la misma unidad. La opinión efectiva lograda es que se trata de una competencia entre dos opciones, la de él y la de los otros. El ciudadano es obligado a elegir entre una de las dos opciones y no entre cinco. Según esta estrategia comunicativa, él representa el cambio verdadero, los otros la continuidad de un régimen injusto, violento y corrupto.

Además, para hacer efectiva esta estrategia, utiliza la táctica de la confrontación constante en temas nodales que hace que los otros cuatro candidatos tienen  que entrar en contra de las propuestas del candidato de MORENA, obligando su aglutinación, con esto se hace efectiva la estrategia de ubicarlos en el mismo costal, estamos hablando de temas como la construcción del nuevo aeropuerto, la amnistía, la denuncia a la élite corrupta de los empresarios especuladores.

Lograda la aglutinación de los cuatro candidatos, los descalifica contundentemente ubicándolos ante los ciudadanos como la mafia del poder, los corruptos, los malos de la película pues. Desde luego, se hace aparecer como el bueno, el implacable luchador que acabará con la dichosa mafia del poder. Este esquema que aparece tan simple, sin embargo, ha logrado despertar en la mayoría de los ciudadanos a considerarse como soldados, combatientes, incluso héroes, de la lucha en contra de los mafiosos, por esta razón, ha logrado a integrar una base sólida de votantes que raya en el estoicismo, cualquier ataque al líder hace recrudecer la voluntad de este electorado para defender su opción electoral. Además esta masa de votantes kamikazes forma una red inmensa que mientras avance el proceso atrae más y más. El ejército de votantes de Andrés Manuel López Obrador es un ejército suicida, en razón de ello, el régimen ha sopesado la idea del fraude, más bien refuerzan la acción de sus aliados en contra del puntero como el gobierno, los empresarios, los medios de comunicación, las autoridades electorales.

Al ubicarse en la opinión efectiva en el mismo costal que los otros tres candidatos, Ricardo Anaya sólo le queda la opción de aglutinarlos en la práctica, pues al haber enfrentado al régimen le costó muy caro. Sin embargo, tiene tres problemas graves. En primer lugar, será imposible su reconciliación con Margarita Zavala, la situación de desventaja de ésta se debe precisamente a Anaya. En segundo lugar, el PRI como partido y por ende su candidato, no se pueden permitir perder todo por una aventura electoral ofrecida por Anaya, el viejo partido de la Revolución buscará no perder más posiciones a sabiendas que en seis años más puede asumir el poder político de nuevo, buscará ser una oposición feroz en contra del nuevo titular del Poder Ejecutivo y revalorizarse en lo ideológico y en la praxis. En tercer lugar, el candidato Jaime Rodríguez “El Bronco” a sabiendas de que volverá al gobierno de Nuevo León su actuación en contra del puntero será mucho menos virulenta.

Esta relación de fuerzas en el campo político nos permite asegurar algunos cambios que pueden modificar las posiciones en el día de las elecciones pero sin cambio en la punta. Es casi seguro que el puntero conservará su ventaja incluso con la posibilidad de ampliarla, seguirá confrontando e imponiendo la agenda, defenderá su posición pues. El candidato José Antonio Meade buscará el priismo profundo que le otorgará los suficientes votos para permanecer como segunda fuerza nacional en términos de concejales, diputados y senadores, cambiará de discurso, su tono será de denuncia y la de asumir compromisos que endulcen a los oídos de la masa votante priista.

El candidato del Frente redoblará sus esfuerzos histriónicos en los próximos debates para poder ganar por lo menos 8 puntos y recrudecer su llamado al voto útil, llamando a los indecisos con ofertas audaces e incluso populistas para emparejar los cartones y que todo lo decida la capacidad de movilización del día primero de julio. Esto no es especulación, es mi lectura que me da la relación de fuerzas del campo político. Todos los candidatos deberán de maniobrar en estos días para hacer efectiva esta lógica de cambio en el campo político, de seguir la inercia, todos serán afectados.