Córdova, irresponsable

La delicada tarea de un árbitro electoral es la de darle certidumbre a las elecciones. Generar la confianza suficiente en los ciudadanos de que su voto será escrupulosamente respetado.

Y si lo que está en juego es la presidencia de la nación, doble el reto. El responsable de los comicios está obligado a sembrar certeza, no incertidumbre.

Pero tal parece que, una vez más, el protagonismo de Lorenzo Córdova ensombrece su delicado rol en esta controvertida elección presidencial.

Y más que generar confianza, el árbitro está sembrando miedo en la cancha. Entre los jugadores, que son los candidatos, y los aficionados, que son los electores.

Ahí están como muestra sus desafortunadas declaraciones del pasado fin de semana, anunciando que se está preparando para que el primero de julio suceda lo peor.

Intentando enmendar su enorme error, el titular del Instituto Nacional Electoral (INE) dijo que la obligación de ese organismo es ver todos los escenarios para estar listos frente a la catástrofe. Que bueno que lo piense, ¿pero que lo anuncie?

Cita textual de la advertencia de Córdova: “Desde ahora, no quiero ser catastrofista, pero me temo que va a haber dos candidatos que van a impugnar diciendo que hubo irregularidades graves y que van a demandar la nulidad de la elección”.

No es una declaración conjunta en una sesión del INE. Es una posición muy personal, desde el momento en que dice “me temo”. Y eso significa que tiene temor, es decir, miedo de que eso suceda.

Al árbitro Córdova, que a lo largo de este delicado proceso ya le han sacado algunas tarjetas amarillas, parece que se está blindando o curando en salud desde ahora, frente a cualquier resbalón en su proceder el día de la elección.

Insistimos. El trabajo del árbitro no es el de crear incertidumbre, sino todo lo contrario. Garantizar -que para eso está ahí y se le paga un muy buen sueldo- que nadie se quejará porque el procedimiento, desde la apertura de las casillas, hasta el cierre y el conteo de los votos, será pulcro.

Córdova no tendría de qué preocuparse, si en estos momentos se dedicara a analizar a fondo los abundantes documentos que exhiben cómo Jaime “El Bronco” Rodríguez presumiblemente lavó 17 millones de pesos para recolectar sus firmas para ser candidato independiente. Un acto que de comprobarse tipifica como delincuencia organizada.

Tampoco tendría que preocuparse de lo peor, si fijara, con la mano firme que se esperaría de un árbitro, su postura frente a los más de 60 asesinatos de candidatos de todas las corrientes políticas que tiñen de sangre el actual proceso electoral del cual, presumiblemente, él es su custodio.

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