La primera misa (Segunda Parte)

Oaxaca, Oax.- Solo me permito recalcar el tema de la primera misa en México, con éste artículo que me fue enviado, al leer mi página del domingo 6 de mayo de este 2018, y que nos muestra el interés que ya se daba en el 2007 en Cozumel, Quintana Roo, transcribo:
Al acercarse el final de la segunda década del siglo XVI, la población nativa de Cuba, (y la de todas las grandes Antillas) había prácticamente desaparecido. La explotación a que habían sido sometidos y las enfermedades, para ellos desconocidas, traídas por los conquistadores, que acabaron en menos de veinte años con miles de seres humanos, en un genocidio del que muy poco se ha dicho.
Para subsanar esa situación que lesionaba sus intereses, los  encomenderos de Cuba, con el gobernador Diego de Velázquez a la  cabeza, organizaban expediciones a las islas cercanas, para “Saltear indígenas” es decir capturarlos y llevarlos esclavizados a la isla mayor, como mano de obra barata.
Así, al iniciarse el año de 1517, se armó una pequeña flotilla, dos carabelas y un bergantín,  que puesta al mando  de Francisco Hernández de Córdoba, zarpó de Araujo Puerto de Santiago  el 8 de febrero de ese año con 110 soldados a bordo, rumbo a la Habana, donde además de bastimentos, incorporaron al clérigo  Alonso de González como Capellán.
Se cree que era el 1º de marzo cuando arrastrados por las corrientes por aguas, hasta entonces desconocidas, arribaron a una tierra nueva a la que hallaron deshabitada y a la que bautizaron como Isla Mujeres y en cuyos templos hallaron algunos ídolos y objetos de oro  bajo,  desde ahí  divisaron la cercana costa peninsular a la que llamaron Santa María de los Remedios “… para que les ayudara a saltear indígenas…..”   Dice el padre Las Casas, tal fue el descubrimiento de nuestro país por los hispanos y el inicio de los acontecimientos de la Conquista.
Ningún cronista  de la época menciona ceremonias de  “Toma de posesión” de las tierras nuevas, ni funciones religiosas de  ninguna índole y entre las escasas referencias al clérigo González destaca al saqueo de algunos objetos de oro que  hizo en un templo de Catoche, mientras sus compañeros a  duras penas se defendían de los ataques de los mayas.
Mencionan sí, en ello coinciden todos, que su recorrido a lo largo de las costas peninsulares, fue un continuo batallar y una serie de descalabros, tanto en Cabo Catoche,  como en Campeche y en especial Champotón, donde el  mismo capitán recibió numerosas heridas, mismas que le ocasionaron la muerte a poco de retornar a la Isla de Cuba.
No lograron en ese viaje “Saltear indígenas”, pero a cambio llevaron la noticia de las tierras nuevas en donde había oro y ello despertó la codicia del gobernador Diego de Velásquez y de sus allegados, los que de inmediato se dieron a la tarea de armar una nueva flotilla, esta vez con cuatro naves, misma que fue puesta al mando de Juan de Grijalva, coterráneo  y algunos cronistas dicen, pariente del gobernador.
Debido a la fama  de las grandes riquezas que había en las tierras recién descubiertas, muchos encomenderos se enrolaron en la expedición “… de manera,  que presto nos juntamos doscientos y cuarenta compañeros…” dice Bernal. Como capitanes, se embarcaron con Grijalva, Alonso de Ávila, Francisco de Montejo y Pedro de Alvarado. El piloto mayor fue Antón de Alaminos, mismo  del primer viaje, el alférez fue Vázquez de Tapia y como capellán, al presbítero Juan Díaz Núñez (quien oficiaría la primera misa en Oaxaca).
Aparejados y después de hacerse cortar el cabello en previsión de futuros combates, los hispanos zarparon del puerto de Carenas (hoy La Habana) en la  segunda quincena del mes de abril de  1518 y dejaron atrás el cabo de San Antón, extremo occidental de Cuba, el sábado 1 de Mayo de ese año.
El lunes 3, los expedicionarios avistaron una tierra nueva, “…vimos la isla de Cozumel que entonces la descubrimos…” apunta Bernal y el capellán Díaz escribió: “…y por ser día de la Santa Cruz llamamos así aquella tierra…”
Durante tres días los expedicionarios bordearon la costa reconociéndola y buscando  “… un buen surgidero…”,  sin decidirse a desembarcar por temor a una emboscada como le había sucedido a Hernández de Córdoba, en  Catoche un año antes y fue hasta el jueves 6 de Mayo de ese 1518, cuando por la mañana ordenó Grijalva que  “se armasen y apercibiesen cien hombres” (Díaz Núñez) y  en cuatro lanchas se dirigió  a tierra.
Según  las descripciones que han llegado a nosotros, el punto de desembarque fue  el poblado maya de Xaman-Ha, actual zona norte de la ciudad de Cozumel y al llegar a la playa,  “…mandó (Grijalva) que ninguno  saliese de ellas sin su licencia…” y el solo saltó desde su barca en tierra el primero, hincose luego de rodillas e hizo una oración breve y secreta…… e levantándose luego de pies e todos juntos en escuadrón con  la  bandera real de España en medio….  En buena orden llegaron  a la torre de piedra que se divisaba desde la mar…. (Oviedo).
Nadie salió a su encuentro, ni vieron a persona alguna en los alrededores, acompañado  del alférez que llevaba el estandarte real, Grijalva subió  a la torre y allí cumplió con el protocolo de la época de la  Toma de Posesión de aquella tierra, en nombre… de  la reina doña Johana y el rey don Carlos, su hijo…” “(Oviedo)”.
Dicha torre se ubicaba en la cercanía de la costa,  probablemente en el área de la actual unidad Habitacional de la Fuerza Aérea, en donde hubieron muchas edificaciones prehispánicas, destruidas cuando se construyó  el aeropuerto en 1943.
Estando en ella, cuenta al capellán Díaz Núñez,  “…entró un indio acompañada de otros tres… y puso un tiesto con algunos perfumes muy olorosos… Era hombre anciano y traía cortados los dedos de los pies e incensaba mucho a aquellos ídolos que estaban en la torre… diciendo en voz alta un canto… Dieron al capitán y a otros una cañas… que quemándolas despedían un suave olor….”
Los españoles asistieron a la ceremonia sin  interrumpir al sacerdote, pero terminando aquel,  continúa el capellán “… se puso en orden la torre y se dijo misa…” la que a su vez presenciaron,  tal vez con curiosidad los indígenas.
Esa mención contenida en el “Itinerario de la Armada del rey Católico en la isla de Yucatán,  en la India, el año 1518”, escrita por el propio capellán Díaz es la primera referencia documental de la celebración de esa ceremonia religiosa en nuestro país  y el punto de partida de una polémica que quizás nunca tenga una conclusión que satisfaga a todos.
Sin ninguna prueba documental se ha alegado que, considerando las costumbres de la época, en Isla  Mujeres, Cabo Catoche, Campeche o en algún lugar  de  la costa recorrida un año antes por Hernández de Córdoba, “Debió” oficiarse alguna misa. No niego que ese es un hecho posible,  pero la historia en mi concepto, no se escribe con “supuestos” o con “debió ser”, si no consignando  hechos comprobados o comprobables, fundamentados en documentos.
Por ello y mientras no se conozca otra  crónica de la época en la que  fehacientemente se demuestre que  en Boca Iglesia de  Isla Mujeres, o San Francisco en Campeche o algún otro lugar de la península se celebró una función eucarística antes, para  nosotros, el 6 de mayo de 1518, en Cozumel, jueves por más señas, tuvo lugar la celebración de la Primera Misa en territorio mexicano y con ello, la introducción del cristianismo a nuestro país y así lo venimos celebrando y este año lo continuaremos haciendo. Otros cantares son las funciones religiosas en otras partes del continente, pues desde años atrás los conquistadores habían ocupado gran parte de la  América Central.
Publicado en la Revista Pioneros en mayo de 2007. Edición No. 51.  Por Velio Vivas Valdés, Cronista de Cozumel.
Oaxaca, Oax., a 13 de mayo de 2018.
Jorge Alberto Bueno Sánchez.
Cronista de la Ciudad de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M.

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