La verdadera batalla

Y poco a poco, encuesta a encuesta, grado a grado y debate a debate, la campaña va dando su verdadera cara.

Naturalmente y como era de prever, las distancias que separan a los candidatos ya no son tan enciclopédicas ni tan insalvables.

Hay que ser conscientes de que más allá de la razón, de las conversaciones de café o del diálogo entre las élites, las fórmulas propuestas penetran o no lo hacen.

El que va arriba tiene muchas ventajas, sólo tiene un pequeño inconveniente, seguir arriba y culminar bien la carrera. El que va pegado a él tiene el enorme desafío de convencer y vencer. Eso, naturalmente, muchas veces es lo más difícil.

Sin embargo los que están por debajo -sobre todo los que parecía que no tenían ninguna posibilidad de ganar- como es el caso de Meade, pueden tener muchas oportunidades, en los próximos días, por lo menos para empatar el segundo lugar y claramente desafiar y luchar por el primero.

Comprendo que con los datos actuales esto parece una alucinación. Pero si ustedes observan bien las diferencias que hay entre ser brillante desde el punto de vista dialéctico, quedar bien en los programas de televisión, o ser el que barre en los debates, todo eso se plasma en política y en las elecciones. Además se transmite -de manera mayoritaria y genérica para que eso se pueda recoger así en las urnas el “Día D” y a la “Hora H”- que las fórmulas que uno va proponiendo penetran a la sociedad.

Aquí tenemos varios elementos claros. El desafío del líder de las encuestas, me refiero a López Obrador, sobre cómo hará lo que dice que va a hacer; el triunfo, sin duda alguna personal, y la confirmación de la brillantez del candidato Anaya con todas las dificultades y sin cuajar del Frente que lo sostiene; el deseo cerrado e intentando que sea algo más que voluntarismo o propaganda del régimen de José Antonio Meade de dar la batalla y finalmente terminar imponiéndose.

En cuanto a los independientes, ellos saben que son parte de la ecuación en el sentido de restar o sumar pero que de momento no se dan las condiciones -por muy notable que haya sido la batalla que han dado para estar en la boleta presidencial- para que un independiente llegue a Los Pinos.

Así las cosas, y puesto que ya no es un problema sólo de las clases dirigentes, ni del dinero, ni de los medios de comunicación ¿qué puede pasar con el resultado electoral?

Siempre he sabido que en México todo es posible.

Pero la verdad es que ahora sí, a menos de 45 días del resultado final de las elecciones, empezamos a tener una campaña que se está calentado por momentos y sobre todo podemos medir el ancho de cada uno de los candidatos, más allá de las leyendas, fantasías, tendencias o las injusticias históricas.

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