Con el muerto a cuestas

Margarita Zavala merecía otro destino político. Su declinación para continuar en la contienda presidencial 2018 fue un balde de agua fría, considerando que era la única representante de su género en la boleta.

Mujer hecha a sí misma, con vida profesional y política propias, con propuestas sensatas, sin estridencias, su enorme pecado fue uno y sólo uno: insistir en cargar al muerto a cuestas. Uno que lleva por nombre Felipe y se apellida Calderón.

Fue víctima del mismo síndrome que impide a otro buen candidato, José Antonio Meade, dejar el tercer lugar para remontar a una justa más competitiva.

Los dos candidatos cargan losas muy pesadas en sus espaldas. Margarita, la sangre del sexenio anterior. Meade, la corrupción y la impunidad del actual.

Por eso, aunque ambos salieran a buscar votos con el respaldo del ITAM y con el padrinazgo financiero de Alberto Baillères, los números no remontaron.

No duden que el empresario de Peñoles, GNP y el Palacio de Hierro se cansó de poner sus bendiciones financieras en candidatos que no remontaban en las encuestas. Ahora se dedicará a financiar a quien tenga la mejor posibilidad de derrotar a “ya saben quien”.

La apuesta con el presionado retiro de Margarita es una jugada de tres bandas. Pero siempre buscando meter a Morena y a López Obrador en la buchaca.

La primera banda es la de dejar un solo candidato independiente, para ver si en el segundo debate Jaime “El Bronco” Rodríguez puede capitalizar los votos independientes. Los suyos y los de la ausente Margarita.

Y al final del día, sean cinco, siete o nueve puntos, entregarlos al candidato que le puedan servir para alcanzar o remontar a López Obrador.

La segunda banda es evaluar en las próximas encuestas si los votos que traía en la bolsa la candidatura de Margarita se irían todos con Anaya. Difícil de pensarlo, pero hay quienes no claudican en su fe.

Y la tercera banda es la de ir bajando de la boleta a quienes menos peso electoral tienen, para consumar el plan original de que la disputa presidencial sea solo entre dos candidatos finalistas: López Obrador y quien después del segundo debate y antes del tercero tenga escriturado el segundo lugar. Sea Anaya o sea Meade.

Quienes vienen ideando esta jugada saben que no existe otra forma de derrotar al candidato de Morena, así se vea hoy que tendrían que remontarle los 20 puntos de ventaja en las encuestas.

Pero como ya se vio que el divorcio no eso solo entre ciertos poderosos empresarios y López Obrador, sino entre esos ciertos empresarios y Los Pinos, la jugada final de la contienda de solo dos candidatos menos disparejos, podría no acabar de cuajar.

Por ahora al declinar Margarita se redujeron de cinco a cuatro los contendientes. El debate del próximo domingo promete ser más impactante, más agresivo. Con menos confusión y distracción, al reducirse los participantes.

Y Margarita Zavala, al igual que le sucedió a Hillary Clinton en el 2016, tendrá como ex primera dama que esperar mejores momentos para volver a intentar ser Totalmente Palacio…Nacional.

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