Ya se sabe que las campañas electorales son como las cartas de amor dirigidas bajo la primera influencia.

Están escritas en la negación total de la realidad esperando que corresponda la ilusión con la continuidad.

Pero, lo que me sorprende, es que cada día que pasa y cuando veo cómo se están encadenando las situaciones sigamos tan en falso respecto al tema de la seguridad.

No es posible arreglar la seguridad del país si antes no se arregla una gran pregunta: ¿qué vamos a hacer con las Fuerzas Armadas?

Ya tenemos la Ley de Seguridad Interior, que no gustó a muchos. Además, todos los presidentes, y quienes quieran llegar a serlo, volverán a decir que lo que hay que hacer es regresarlos a los cuarteles.

Y yo preguntaré dónde y cuándo empezaremos a vender revólveres para defendernos como en el viejo oeste. Y le cambiaremos el nombre de algunas ciudades de Guerrero o Tamaulipas, por el viejo O.K. Corral.

La seguridad se fue de las manos. Se les ha ido a todos. Sean perredistas, panistas o priistas.

Resulta increíble no haber querido aprender la lección. No funciona el sistema de descabezar a los cárteles porque, lo único que logramos con eso, es producir un incremento masivo en la atomización de gente, que en cierto sentido se parece a los yihadistas.

Un sicario mexicano y un soldado de la yihad islámica son iguales. Los dos, sabiéndolo sin saber, entregan primero su vida y luego lo demás.

Es imposible ganar alguna guerra en la que el enemigo lo primero que está dispuesto a perder sea su vida.

En ese sentido, el fracaso en la política de la seguridad, de descabezar a los cárteles -pero no terminar con ellos-, ha hecho que el problema sea y se vea como infinito. Sobre todo, porque es un fenómeno que se multiplica por sí mismo en la propia dinámica de lo que significa la acción-reacción.

Y en medio de todo eso, además de decir que los militares tienen que volver a los cuarteles -cosa elemental- y que tenemos que darles una buena preparación a nuestros policías, quisiera recordarles que hay ya muchas partes del territorio nacional que no están en manos del Estado mexicano, sino en manos de los malandros.

Cheque entre sus amistades. Yo mismo tengo conocimiento del asesinato en Guerrero de dos personas simplemente porque quisieron seguir la recomendación de López Obrador de plantar maíz en lugar de amapola.

La respuesta fue: la muerte.