Científicos forenses mexicanos

John Henry Barnstead se encargaba de los registros de nacimientos, matrimonios y defunciones de Halifax, Nueva Escocia.  Encaró el enorme reto de identificar a las infortunadas víctimas   del fatídico accidente en el que se hundió en su viaje inaugural el RMS Titánic, aquella  madrugada del 15 de abril de 1912.

El CS Mackay-Bennet,  utilizado por  Barnstead para esta misión era un barco cablero que podía navegar entre el hielo y la neblina; tuvo  la difícil encomienda de recuperar a los fallecidos por el naufragio del trasatlántico británico. Partió un día después del accidente  con  103 ataúdes, material para embalsamar a 70 personas,  mortajas  y hielo. Durante 13 inenarrables días, recuperó 306 cadáveres del Océano Atlántico.

John Henry ideó un método mediante el cual convirtió a la nave  en una morgue móvil y ordenó a sus tripulantes a desnudar y enumerar a las víctimas, anotar y guardar  todas  sus pertenencias en bolsas de lona  individuales y, fotografiar a todas ellas.

Se quemaron las vestimentas de los muertos para evitar que alguien las guardara como recuerdo o lucrara con ellas. El millonario John Jacob Astor era el cadáver número 124. Al quedarse sin ataúdes, los cuerpos de 24 infortunados fueron arrojados al mar, después de haberles cosido las manos; estaban en muy malas condiciones, era imposible traerlos a todos a tierra firme.

Cumpliendo cabal y profesionalmente con su encargo, hace ya más de 100 años, Barnstead se convirtió con aquellos artilugios de identificación,  quizá en uno de los más grandes desarrolladores  de la ciencia forense moderna. Sus métodos todavía se utilizan hoy en rescates de bomberos y guardias costeras en todo el mundo.

Después de la histórica catástrofe marítima, El RMS  Carpathia llegó al ahora abandonado muelle 54 de Nueva York el 18 de abril, llevaba a bordo solo 705 sobrevivientes de la  tragedia.

Los hechos del Titánic cambiaron los sistemas de seguridad y auxilio en todas las formas de navegación a partir de aquella fecha.

En esta época que nos toca vivir, hemos podido leer hace unos días con mucho gusto en la Gaceta de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México que, nuestro país cuenta con los primeros 13 licenciados en ciencia forense; quienes, desde la perspectiva del conocimiento científico, con un pensamiento crítico y actitud ética, contribuirán a la procuración y administración de la justicia.

Así lo recalca el comunicado ¡Qué bueno! Porque precisamente procuración y administración de  justicia es lo que hace falta en México.
La UNAM especificó además,  que se requirieron ocho años para el diseño de este plan de estudios, que dio inicio el 04 de agosto de 2013,  en la Facultad de Medicina de nuestra máxima casa de estudios.
Hay que darles una feliz bienvenida a estos nuevos científicos forenses a la jungla de asfalto, a este México casi incomprensible.
En las condiciones en las que está nuestro país,  chamba es lo que les va a sobrar.
Tuíter: @santiagooctavio

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