Haciendo amigos

Donald Trump pasará a la historia por muchas cosas. Ya quedó atrás lo de ser el mayor especulador de Manhattan, lo de no pagar los créditos y aquello de que cuando uno es famoso, puede hacer lo que quiera con las mujeres, o como él dijo “grab them…” (agárralas).

Va a pasar a la historia por una razón muy sencilla. Porque está descubriendo todo un nuevo sistema de convertir a los aliados en enemigos y viceversa.

Quien le gusta a Trump es Putin. Se habrá puesto o no de acuerdo, pero es de verdad el modelo que le entusiasma.

Y ahora, por si acaso hubiera problemas en la sucesión -porque a fin de cuentas él ya es un hombre mayor- está tentando y descubriendo a quien puede ser el príncipe heredero de tanta sinrazón, que es Kim Jong un.

El mundo es otro. Imagínese usted a la pobre canciller alemana Angela Merkel, al presidente francés Emmanuel Macron, a la primera ministra británica Theresa May y al primer ministro de Canadá Justin Trudeau, tratando de hacer entrar en razón a esta fuerza de la naturaleza que cree que su manera de negociar es la de entrar en un salón y disparar a todo lo que se mueve.

Ahora ha abierto una guerra que desde el punto de vista de México, es la que más nos conviene con todo el mundo. Pero sobre todo con aquellos que estamos más cerca y que llenamos las despensas de sus pueblos a un precio razonable.

El presidente Trump tiene que saber que durante muchos años los países han abusado de las condiciones de Estados Unidos. Aunque ha sido menos de lo que ese país ha abusado a través de su poder financiero, tecnológico y, al final, de la capacidad de destrucción mundial que tiene. Pero también debe saber que su pueblo ha vivido muy encima de sus posibilidades, gracias a los chinos, mexicanos, canadienses y todo los que hemos trabajo en condiciones de semi esclavos para que los Walmart de este mundo pudieran tener los productos y que cualquier americano promedio piense que comer papaya es lo normal.

Una vez que se produce lo justo hay que hacerlo en todos los sentidos. Desde luego lo que le costó ganar a Estados Unidos en un siglo de guerras –desde el fin de la Primera Guerra Mundial en 1918, hasta este año– el señor Trump ha conseguido ponerlo en jaque en dos años.

¿Será un problema de las nuevas comunicaciones? O ¿será que sus excepcionales capacidades le permiten hacer todo tan rápidamente?

En cualquier caso, si no le gusta la OTAN, las Naciones Unidas, el G7, ni los aliados, entonces, yo propongo que reedite el modelo de mundo que tenía Muamar el Gadafi, y plantee una fusión -a través del Estrecho de Bering- entre sus admirados rusos y los Estados Unidos de América.

Trump realmente está desbancando muchas cosas, pero sobre todo está dejando al empresario, Dale Carnegie, como un aficionado y al escritor Og Mandino, como alguien que no vendía nada.

Este hombre sí sabe cómo hacer amigos y sabe lo que es vender arena en el desierto, que es hacia donde nos dirigimos todos, gracias a él.

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