Nacido el 4 de julio’ es una película del polémico Oliver Stone, quien ganó el Oscar como mejor director.

Habla del desencuentro de cualquier norteamericano medio, después de la Guerra de Vietnam.

Si Stone siguiera neuronalmente activo, además de sentir admiración por Chávez y querer ser amigo de Castro, se daría cuenta que su película no era nada comparado a lo que le esperaba a la historia de su país.

En aquel momento, Vietnam fue el punto de quiebra. Cuando EUA dejó de ser un país de gente noble que al final del día -pese a que se equivocara y a que le gustaba robar caballos, como está escrito en su historia-, como país pesaba más lo bueno que lo malo.

El 4 de julio no solamente será el aniversario de la proclamación de la Independencia de Estados Unidos, sino que será el día de la infamia.

Así llamó Franklin D. Roosevelt al 7 de diciembre de 1941, cuando los aviones japoneses hundieron en Pearl Harbor a la mitad de la flota norteamericana del Pacífico.

Este 4 de julio será para aquel país -el antiguo primer imperio de la Tierra, el modelo democrático donde la moralidad era la que ganaba el balance- el Día de la Infamia.

Y todos tendremos que recordar los llantos de los niños enjaulados, en un espectáculo sin precedentes en el que los mantuvieron. Sólo la protesta de la Primera Dama, hasta lo más profundo de la sensibilidad norteamericana, obligó al cada día más incalificable Trump, poner fin a esa monstruosidad.

Pero la liberación de Auschwitz no exime el genocidio de los judíos.

Dar la orden que impide la separación de la familia no excusa la responsabilidad moral sobre la insensibilidad y daño infligido a la humanidad.

El daño es doble. Siempre he pensado que uno de los delitos que merece la pena de muerte inmediata es la pederastia y si el pederasta está relacionado con la víctima, doblemente.

Porque hay pueblos y situaciones en la vida donde uno tiene derecho a esperar no solo lo mejor, sino lo más moral.

EUA era el ejemplo. Ha dejado de serlo, siendo una vergüenza para sí mismo.

Su mensaje ya no es de igualdad. Thomas Jefferson está enterrado y Roosevelt sería un delincuente en la América de Trump.

Los llantos de esos niños son los del siglo XXI. Son las pérdidas de los valores morales referenciales los que a nosotros como sus primeras víctimas nos deben consolar, en el sentido de que los lamentos eran los de nuestros hijos.

El ejemplo fue exactamente de quien tenía la obligación de dar el vuelo y nos convenció de que este es el mundo en el que vivimos y él gobierna.

El 4 de julio es uno de los días de mayor vergüenza para el mundo moderno y desde luego para Estados Unidos. Deben preguntarse seriamente qué les ha pasado para que hoy sea la América con más muertos. El índice de suicidios se ha convertido en la décima causa de muerte, sin hacer discriminación de sexo, raza o religión.