Los partidos escucharon más los ecos que las voces.

Oaxaca. En una homilía sobre el amor a los pobres San Gregorio de Nisa decía: “En estos días ha llegado una multitud de desnudos y desamparados. Una muchedumbre de cautivos están llamando a las puertas de cada uno. No nos faltan forasteros y desterrados, y por todas partes podemos ver manos que se nos tienden. La casa de estas gentes es el cielo raso. Su techo son los pórticos y las encrucijadas de los caminos y los rincones más desiertos de la plaza pública. Visten harapos hechos jirones, sus cosechas son a voluntad de los que alargan una limosna, su comida lo que caiga de la mesa del primero que llegue, su vaso el cuenco de la mano, su despensa los pliegues del vestido si es que no está roto y deja escapar lo que se le eche, su mesa son las rodillas encogidas, su lecho el santo suelo, su baño el río”.

No deja de ser doloroso que lo que este santo describía hace más de mil seiscientos años lo vivimos día a día en muchas de las calles que transitamos.
Concluido el proceso electoral en el que el partido de López Obrador arrasó con el PRI, PAN Y PRD, generando una crisis tripartita, con toda y su maquinaria que ya venía desplomándose el PRI, avanzaba en cámara Phantom. Primero fue el hachazo propinado por el delamaridismo-salinismo a los políticos de viejo cuño. La llegada de los tecnócratas- palabra que hoy parece prehistórica- desplazó a quienes se habían hecho en las bregas del escalafón antes de ser gobernador, digamos, era necesario comenzar en la juventud como ayudante C o D de algún regidor o alcalde de poca monta; si se tenía la habilidad, una buena dosis de servilismo y buen padrino se podía ascender hasta una diputación, una senaduría y más.
Ese paradigma moroso y funcional cambió en el PRI, el cual fue asaltado por jóvenes políticos que mezclaban los estudios en escuelas importantes con ambición, y luego por juniors sólo dotados de colmillos y amigotes voraces. Así regresó a Palacio Nacional, pero lo hizo no para pensar en un renacimiento de largo aliento, sino en una orgía de vaciamiento de las arcas públicas.

Luego PAN y PRD cada cual a su modo, calcaron prácticas similares y terminaron en las mismas  que su modelo. Tras el debilitamiento de la figura presidencial, no sólo los gobernadores operaron a sus anchas, sino que también los partidos pusieron de su parte hasta lograr que la gente los odiara- rotulara con un nombre peyorativo: “partidocracia”. Hoy los tres partidos buscan con denuedo a los culpables para pasarles la factura. Cada uno tendrá, es de suponer, distinto futuro. Por lo pronto José Murat ya escribió puntualmente en La Jornada un diagnóstico del PRI.

Lo sustancial es que los activos de tales partidos ha sido la arrogancia, que la gestión social es ocupada parta acarrear votos, empero no los escuchan en sus miles de necesidades y cuyas carencias las paliaban en tiempos de campaña con una lámina, cemento, con tortas y refresco incluido, el resto del tiempo, a vivir de hinojos en sus áridas tierras, o fatigando las calles solicitando limosna, o empleándose en condiciones laborales desventajosas, o emigrando a E.E. U.U.;  tal cual describió San Gregorio.

En el slogan triunfalista de López Obrador sería congruente: “Por el bien de México, primero los pobres”, esta decisión debe ser apoyada por todos los mexicanos más allá de signos partidistas o fobias personales. La opción por los débiles no es monopolio del discurso político, es un tema ancestral, en el pensamiento clásico de los griegos, en las ideas de los entes pensantes del clero: los jesuitas, autores de la Teología de la Liberación, pero ese bagaje de ideas ha servido más para recordar que la pobreza sigue extendiéndose, pero muy poco para reducirla.
En la lucha frontal contra la desigualdad no basta expresar preocupación personal por los débiles ni destinar millones de pesos anuales, más importante será lograr solidaridad de los ricos y participación de la sociedad civil.
Ergo, es vital ser pacientes, sensibles, humildes de corazón, con trato humano hacia los débiles porque ya se vio que los partidos escucharon más los ecos que las voces.
Jugadas de la Vida.

Yucatán viene de la conquista cuando un español le preguntó a un indígena cómo llamaban ellos a ese lugar… el indio le dijo –Yucatán. Lo que el español no sabía era que le estaba contestando: “No soy de aquí”.

Twitter: @ldojuanmanuel