Historia y Literatura

Oaxaca, Oax.- El militar estadounidense Lewis Wallace en su novela, Ben Hur: una historia de Cristo, de 1880; narra en su trama principal, los sinsabores de la Vida de Judá; un príncipe judío de la época de Jesucristo en la Jerusalén ocupada por los romanos.

Debido a un accidente durante la llegada de un nuevo gobernante a Judea, los romanos despojan a Judá de sus bienes, le separan de su familia y le condenan a trabajos forzados en las galeras de Roma en el Egeo. Sobrevive tres años a las duras jornadas y a las terribles batallas contra los buques piratas enemigos del imperio. En una de ellas, logra salvar a Quinto Arrio, quien a su retorno triunfal a la metrópoli, le adopta como hijo; con lo que  Judá, se convierte en ciudadano de Roma. Después de tan inesperada suerte, continúan  los intentos de rebelión contra el imperio por parte del personaje, los esfuerzos por hallar a su familia y, la necesidad de vengarse de Messala y sus verdugos.

La adaptación más exitosa de esta obra exquisita para el cine fue la de 1959, dirigida por William Wyler. Una producción que le mereció 11 premios de la academia.

Ben Hur nos traslada a un relato ficticio enmarcado en un contexto histórico: la de una era en donde se engendra una nueva religión.
La pluma de Wallace, se nutre de la historia de las conquistas y la expansión Romana, para narrar de manera magistral, los pasajes de la vida de un hombre que tiene la desgracia de encontrarse cara a cara  con su enorme poderío.

El personaje ficticio de Judá se encuentra con situaciones de verdad histórica muy notables: con una muy dura justicia romana lo que sí es cierto; su vida transcurre sobreviviendo en los galeotes  en el Egeo en las sangrientas batallas de los romanos por conservar su estatus, lo que también es cierto; tiene la suerte de ser adoptado por un poderoso militar de Roma, figura que estaba asentada en el Derecho Romano; participa en una carrera de cuadrigas como en las que participaban los romanos de la época del nazareno; Etc. Esto anterior,  nos confirma la buena documentación del autor de esta gran novela al  momento de escribirla.

Lewis Wallace con esta muy laureada obra en el mundo, nos ayuda a demostrar que no hay confrontación alguna entre la historia y la literatura; ambas se nutren una a la otra; se complementan.

Consideramos fervientemente que hay obra literaria, porque existe componente histórico. Generalmente las obras más exitosas son aquellas que no utilizan a la historia como elemento decorativo; en donde, la trama se afianza en los hechos históricos para impregnar de fuerza a los personajes muchas veces ficticios de la obra novelesca.

Particularmente, en estos nuevos tiempos que está viviendo el planeta, en donde ya no existe tanta afición por la lectura, es necesario que esta generación y las que vienen, conozcan la historia por medio de novelas, películas, obras de teatro;  o por medio de las nuevas corrientes historiográficas actuales ¡Pero que la conozcan! Así se puede evitar cometer los errores del pasado y, reafirmar lo que se ha construido con acierto.

Seguimos pensando hasta hoy  que la literatura hace hermosa a la historia y viceversa. También estamos convencidos de que, en manos de un buen escritor o un visionario, una historia, la más simple, puede convertirse en una obra maestra.
Tuíter: @santiagooctavio

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