Oliéndose

La visita de los altos funcionarios norteamericanos en México es desde luego excepcional.

Desde hace muchos años cuando hay un nuevo presidente mexicano, no solamente hay informes, sino visitas y evaluaciones para saber cómo le puede ir a los Estados Unidos con el nuevo titular del Ejecutivo Federal.

En este caso las incógnitas están bastantes resueltas. Todo el mundo sabía cómo es López Obrador, qué es lo que quiere y bajo qué premisas ha llegado.

Tener en México, al Secretario de Estado, Mike Pompeo; al Secretario de Tesoro, Steven Mnuchin; a la Secretaria de Seguridad Interior, Kirstjen Nielsen y; sobre todo, al yernísimo Kushner –reuniéndose por una de las últimas veces con Luis Videgaray que ha sido su principal interlocutor desde la campaña del 2016– es una noticia muy relevante.

Hay quien piensa que a México y a Estados Unidos les irá mucho mejor con dos presidentes como lo son Trump y López Obrador en comparación de cómo le ha ido, por ejemplo, durante el mandato de Enrique Peña Nieto con la excepción natural de las relaciones de Luis Videgaray con Jared Kushner.

Yo soy de los que creen que a México le puede y le debe ir mucho mejor de lo que le ha ido durante este primer año y medio del mandato de Donald Trump en la Casa Blanca.

Somos el recurso fácil. No importa que se ofenda cada que tiene bajas en su popularidad. Al presidente de los Estados Unidos agredirnos le sigue dando rentabilidad.

Pero la verdad es que México y Estados Unidos, salvo el contencioso del muro y sobre la discusión del “sí pagarán” o “no pagaremos”, llevamos mucho tiempo sin construir nada positivo y hacia delante.

El estancamiento del TLC y la aparición de los aranceles –que no es un tratamiento destinado sólo a nosotros sino que es la manera de entender qué tiene la política del presidente norteamericano y la situación que se ha ido creando– ha dejado que la agenda sólo tenga agravios y puntos en los cuales hay mucho destruido pero nada que permita construir.

El que sea la primera vez que se vayan a ver las caras el Secretario de Estado y los demás visitantes norteamericanos con López Obrador y con su amigo canciller, Marcelo Ebrard, es importante y necesario.

Sobre todo porque llegamos a este punto de enconamiento de la revisión, del deterioro de respeto mutuo, de la creación de daños profundos entre los dos pueblos en donde solamente una política que tenga elementos constructivos –como por ejemplo luchar contra la migración y crear puestos de trabajo para los mexicanos– es lo único que puede cambiar claramente una tendencia que al menos para una clase norteamericana significa un enfrentamiento y problema profundo entre México y Estados Unidos.

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