Cuando se tiene tanto poder como el que el pueblo de México le dio a su virtual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, hay que tener mucho cuidado en separar lo que son las buenas intenciones, los procedimientos contenidos en sus programas –en el que no hay que equivocarse y que muy poca gente leyó a la hora de dictaminar su voto– y lo que son ocurrencias.

Me parece peligroso, aunque entiendo bien cuál es el objeto que tiene la descentralización física del gobierno federal. Pero quiero recordar que desde los tiempos de Iturbide y tal vez como consecuencia del seguimiento de la conquista, el Zócalo era el corazón de México y el centro, no solamente administrativo sino también emocional, de lo que pasaba en el resto del país.

Percibo bien y creo que es necesario hacer un reajuste y una relectura moderna de la estructura de la administración federal.

Creo que la descentralización –así como la eliminación de un montón de elementos que con el paso del tiempo se han constituido como la grasa del gobierno federal– es buena noticia para todos.

Pero de eso, a iniciar el camino de llevar las secretarías a cada uno de los diferentes estados de la República, me parece que puede terminar siendo una ocurrencia peligrosa que además pondrá en riesgo a todas las cosas con las que está comprometido este gobierno.

Comprendo que la lucha contra la corrupción y la impunidad podría también producir una dispersión de esfuerzos que lejos de resultar un aliado en la correcta administración del país, resulte otro elemento más de distracción y retrase lo que es el buen cumplimiento del pueblo.

Eso es una cosa, pero trasladar, por ejemplo, la Secretaría de Educación Pública a Puebla –con el desplazamiento de toda su gente y con toda la estructura volcada sobre el conjunto de un país tan amplio como el nuestro– puede no dar el resultado de eficiencia ni de la moralización que se persigue

Tienen derecho a equivocarse. Sin duda alguna las urnas fueron claras. Pero también creo que tiene mucho trabajo por delante, que implican menos riesgos de lo que significa esa mudanza.

Entiendo lo del gobierno itinerante. Yo también soy un admirador del Benemérito de las Américas. Pero hay que recordarle al presidente electo que en el mundo del internet la comunicación e interacción entre los administrados y la administración se produce de manera diferente.

Es de elogiar que frente a la campaña de la inseguridad traslade momentáneamente la presidencia a los distintos focos rojos que tiene el país, pero eso tendremos que combinarlo con lo que significa, por una parte prohibir los viajes y por otra llevar la Presidencia de la República a un estado, con toda la movilización que eso implica para el gobierno federal.

En definitiva, creo que es muy importante no confundir todos los cambios que hay que hacer por el bien de la administración y con ponernos a inventar el hilo negro produciendo todo lo contrario de lo que se busca.