Díaz en París

Oaxaca, Oax.- En el cruce del final de su existencia, el Ypiranga le dio boleto de ida a Europa pero, no de regreso a México. En un doloroso exilio recordó muy probablemente sus años de gloria; aquella búsqueda de la paz, del  orden y  el progreso;  y, durante los últimos días de su vida tal vez,  anhelando regresar a su querido México y a Oaxaca, su tierra natal.

En el desarrollo de la historia mexicana, Porfirio Díaz es un personaje de claroscuros. Odiado por algunos y admirado por otros. Su gobierno mutó de la democracia y del sufragio efectivo al necesariato, como lo llamara alguna vez Daniel Cosío Villegas, para terminar en la dictadura.

La desaparición de enemigos, críticos y opositores fue un recurso muy efectivo para un régimen que, abandonó la modernidad política y social para enfrascarse en la búsqueda de la modernidad tecnológica y económica.

Al final de sus días, Don Porfirio era un hombre amargado y derrotado en una ciudad abundante de historias y leyendas. Dejó México donde lo era todo para refugiarse en París donde era nadie.

La muerte le  alcanzó  un 02 de julio de 1915. Los últimos cuatro años de su vida pasaron casi inadvertidos para un gran número de  historiadores.

Una capilla angosta, alta, de piedra, que en el frontispicio muestra una leyenda en forma ojival: “General Porfirio Díaz”, rodeando un alto relieve del escudo nacional mexicano, es su morada final en el  cementerio de Montparnasse, en la ciudad luz.

En los archivos de la Prefectura de Policía de París, existe un expediente en donde se certifica que su cuerpo fue embalsamado y detalla al mismo tiempo, las sustancias que le fueron suministradas para tal proceso.

¿Por qué embalsamar su cadáver? Fue sepultado originalmente en la Iglesia de Saint Honoré. Pensamos que la razón más importante la tenía su viuda Carmen Romero Rubio, quien siempre guardó la esperanza de que sus restos retornaran a México. Al esfumársele tales anhelos decidió trasladar el cuerpo a Montparnasse.

Hace mucho tiempo, los restos del héroe de la batalla del 03 de octubre dejaron  de tener significación alguna  para la clase política del presente.
Habrían cenizas, asuntos del pasado que no tendríamos porqué remover.

Al anciano caudillo le alcanzó un presente que no quiso ver; su régimen se murió por todo y en la nada; mucha de su obra física sigue en pie; su obra política y sus historias se siguen contando; publicaciones, libros, artículos; continúan dando cuenta de ello; algunos incluso, explicando los porqués de las decisiones más significativas de su dictadura.

En el caso de Don Porfirio, consideramos necesario estudiarle con todo el rigor que la historia amerita; como lo que al inicio y final de su vida fue: un hombre de pasiones y razones.

Para opinar sobre personajes de esta magnitud… el lector siempre tendrá la última palabra.
Tuíter: @santiagooctavio

"Las opiniones expresadas aquí, no han sido sometidas a revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con la de nuestro medio de comunicación o de nuestra empresa."