La administración de la Cuarta Transformación

El papel de la administración pública en las diversas Transformaciones de nuestro país ha sido fundamental y trascendental, por ello, definir su papel en la Cuarta Transformación a que ha convocado el futuro Presidente Andrés Manuel López Obrador es de suma importancia. 

Si entendemos a la administración pública como “el gobierno actuando” o como “el gobierno en acción”, o más específico como lo definió el Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Woodrow Wilson como “la ejecución detallada y sistemática de la ley pública”, podemos entender de su importancia. Vale decir que sin la eficiencia o la eficacia de la administración pública, las buenas intenciones, ideas, proyectos, la enorme voluntad de cambio del grupo gobernante serán inútiles.

Si los planes generales del nuevo gobierno son de vital importancia para la Nación, sin un buen medio específico como es la administración pública, la desgracia del pueblo está garantizada, de este tamaño es la importancia de la administración pública.

En la Primera y en la Segunda Transformación los mexicanos comprendimos bien que la única manera de garantizar la existencia del Estado y de la propia Nación fue “desunir para unir”, es decir, pugnar por un gobierno federal, por consecuencia, por una administración descentralizada.

La centralización virreinal creó sus propios demonios, las fuerzas provinciales y territoriales, por ello, los evolucionarios de entonces se manifestaron por una administración descentralizada y liberal. La pugna entre centralistas y descentralistas fue de tal magnitud que no pudimos evitar la pérdida de la mitad de nuestro territorio, la centralización o la descentralización bien llevada posiblemente hubiesen evitado este lamentable desenlace.  

Es decir, mediante acciones administrativas, tales como la colonización de esos territorios, era posible conservar el control y evitar las manifestaciones de separación de poblaciones no identificadas con nuestro país.

Si bien con la descentralización resolvimos el problema de la unidad de la Nación y de la formalidad del reciente Estado, el grupo político que llega al poder a finales del siglo 19 comandados por el héroe de la guerra en contra de la intervención francesa, el general Porfirio Díaz, piensa que para hacer avanzar al país y ser competitivo en el concierto de las naciones, no hay camino más que la centralización del poder político, por ende de la administración pública.

“Poca política y mucha administración fue la divisa.” La falta de redistribución del poder y de la riqueza social del porfirismo hace estallar la Tercera Transformación de nuestro país

. Esta Revolución busca hacer lo que al porfirismo le faltó: crecer con justicia. Para lograr este objetivo no hubo más que acentuar la centralización que se había iniciado con el Presidente Porfirio Díaz. La acción del Estado, de los gobiernos revolucionarios y de la administración pública a través de la centralización, logra transformar a nuestro país, el México moderno hace presencia en el mundo capitalista.

En 60 años el grupo revolucionario logra transformar el país, desde luego, con las contradicciones propias del régimen capitalista de producción pero atenuado con un poderoso

Estado Revolucionario y con un grupo gobernante que se agrupa en la ideología del Nacionalismo Revolucionario. Este grupo gobernante derivado de la Revolución pierde el poder político en manos del grupo tecnocrático que se apropian del Partido de la Revolución y del cívico Partido Acción Nacional.

En virtud de la aparición de fuertes grupos regionales, como el grupo Monterrey por ejemplo, el grupo tecnocrático permite la acción de estos grupos y mediante formas de coaliciones de partidos como entre el PRI, el PAN y el PRD, dominan estados de la federación y de las regiones, es una especie de federalismo de cuotas, cuates, de complicidades, de reparto del poder territorial del Estado mexicano. Es una especie de federalismo de un solo grupo arropados por partidos políticos desideolizados, que dominan tanto a nivel central como en los estados, pero con un grave problema: la corrupción y la ineficiencia administrativa en estados y municipios. El enriquecimiento del grupo gobernante y de sus compañeros empresarios es insultante en este esquema de gobierno y de administración pública. El empobrecimiento paulatino de una gran parte del pueblo mexicano ante este esquema de gobierno y de administración hace crisis en las elecciones del primero de julio del 2018 e irrumpe al escenario del poder político con una nueva organización política, comandada por un luchador social con espíritu revolucionario. El nuevo grupo en el poder tiene la disyuntiva de hacer prevalecer este esquema de regionalización del poder arropado por partidos  tradicionales como el PRI, PAN, PRD, y entrarle al reparto del poder por la vía de la simulación, el engaño al pueblo, o en su caso, asumir el poder político entregado por los ciudadanos y desde la Presidencia, desde el Congreso, centralizar las decisiones, e irradiar a toda la República con la acción administrativa cuyo eje central está en Palacio Nacional.   La engañosa descentralización tecnocrática será sustituida por la centralización con una sola justificación: Por el bien de todos.

 

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