Raymundo Riva Palacio.

1°. TIEMPO: El primer círculo de confianza. El presidente electo Andrés Manuel López Obrador es muy desconfiado. Es una vieja característica que lo define. La otra es que sólo en quienes deposita confianza incondicional no los aleja y margina cuando le objetan decisiones. Su forma de ser vertical, no escucha razones. Cuando en el conflicto poselectoral de 2006 planeó la toma de Paseo de la Reforma, varios de sus cercanos, como Manuel Camacho y Ricardo Monreal, le pidieron que no lo hiciera por el costo político que tendría, y sugirieron que en lugar de ello hiciera una huelga de hambre en el Zócalo. López Obrador  rechazó una y otra vez sus ideas y decía: “Denme un voto de confianza”. Esa toma sí le costó por años. Cuando era jefe de Gobierno en la Ciudad de México, tenía dos hombres de confianza, René Bejarano, su secretario particular, que era quien se encargaba de las negociaciones políticas delicadas, y Gustavo Ponce, primero como subsecretario de Finanzas y luego como titular –a la renuncia de Manuel Urzúa, futuro secretario de Hacienda—, quien se encargaba del dinero político. El tiempo lo hizo más cerrado y, al mismo tiempo, sus hijos crecieron. Son ellos, comenzando en importancia por el segundo, Andrés; Gonzalo, el tercero, y José Ramón, el primogénito, en quienes más descansa López Obrador, quien dentro de ese primer círculo incorporó a su esposa Beatriz Gutiérrez Müller, a su escudero de décadas, César Yáñez, a su vocero, asesor en redes, redactor de mensajes, y próximamente director de Comunicación Social de la Presidencia, Jesús Ramírez, quien llegó de la mano de un entrañable amigo del presidente electo, Carlos Monsiváis. Cierra ese círculo Claudia Sheinbaum, fiel defensora de su proyecto desde hace más de 15 años, incondicional a él, aunque reconoce el poder bicéfalo en ese selecto grupo, donde la otra cabeza es Andrés, o Andy, como lo llaman sus cercanos. Dos personas entran en ese grupo, aunque no de manera tan franca en sus decires como los demás, Julio Scherer, su abogado y viejo amigo, que será consejero jurídico de la Presidencia, y Alfonso Romo, que será el jefe de la Oficina, que se ha ido metiendo en sus querencias por servicios profesionales y personales que le ha hecho a lo largo de los años.

2°. TIEMPO: El segundo círculo de confianza. Durante un largo tiempo, Yeidckol Polevnsky fue parte del primer círculo de confianza de Andrés Manuel López Obrador. Junto con Gabriel García, formaba la nomenklatura de Morena que mandaba hacer las encuestas cuyos resultados eran previsibles, como la que le dio la candidatura a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México a Claudia Sheinbaum. Polevnsky fue cayendo progresivamente del primer círculo durante la campaña presidencial, por las dificultades que tuvo para el andamiaje de las candidaturas y porque dejó mucho que desear en los necesarios debates a donde López Obrador necesitaba tener espadachines en los medios electrónicos. Se quedó en el segundo círculo de poder, en donde entró Tatiana Clouthier, quien fue una coordinadora de campaña presidencial que tuvo otro trabajo más eficaz, como el acercarle al candidato a grupos sociales a los que nunca había tenido acceso, y ser una eficiente espadachín en los debates donde Morena estaba cojo. Dos mujeres más están en esta categoría, Rocío Nahle, futura secretaria de Energía, quien fue conquistando su confianza en los tres últimos años, y Bertha Luján, madre de la próxima secretaria del Trabajo, María Luisa Alcalde, y que será una de sus piezas estratégicas dentro de la Secretaría de Educación. Otras figuras del segundo círculo han comenzado a aparecer en público, como sucedió en el marco del anuncio de la elaboración de la Constitución Moral, donde incorporó a varios de ellos. Uno fue quien ha estado muy cerca de él durante los últimos 20 años, José Agustín Ortiz Pinchetti —su cuñada, Loretta Ortiz, es la responsable de los foros de reconciliación y seguridad—. Otro es Enrique Galván Ochoa, columnista de La Jornada y cuñado de Carmen Lira, la directora de ese periódico que es madrina de los hijos mayores de López Obrador y, por tanto, su comadre. La tercera es Verónica Velasco, quien comenzó su carrera profesional como reportera de Imevisión —hoy Televisión Azteca—, donde conoció y se casó con Epigmenio Ibarra, quien por razones políticas y amenazas del entonces presidente Ernesto Zedillo, se retiró del periodismo político para iniciar una muy exitosa carrera en la producción de telenovelas (políticas y de narcotráfico), de la mano de su socio de décadas, Carlos Payán, el director fundador de La Jornada y cercano a López Obrador, con el financiamiento de Carlos Slim, el segundo empresario más cercano del presidente electo, después de Marcos Fastlicht. Ibarra tiene la biografía filmada de López Obrador y participó en el tejido de las redes sociales de la insurgencia electoral.

3°. TIEMPO: El tercer círculo de confianza. Los políticos profesionales no forman parte de los principales círculos de poder en torno a Andrés Manuel López Obrador. Le son útiles y funcionales, pero desconfía de ellos. El más sobresaliente de ellos es Marcelo Ebrard, a quien el año pasado, cuando en el equipo de López Obrador pensaban en los cargos que podría ocupar, tenían como primera opción la seguridad pública, pero decían que tenían que quitarle las áreas de inteligencia porque de otra manera, en reconocimiento a su inteligencia, “iba a comenzar a gobernar desde el primer día”. En un lugar similar se encuentra Ricardo Monreal, quien estuvo en las malas y las peores a su lado en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012, y que será el coordinador de Morena en el Senado. No habrá que perderlos de vista en el relevo de gabinete para preparar la sucesión —aunque parezca prematuro—. En este círculo, aunque está cerca en los afectos de López Obrador, se encuentra Bernardo Bátiz, a quien desea como fiscal general, perdonándole el desaseo de la fundación que creó Morena para ayudar a los damnificados de los sismos el año pasado. Otra persona que le ha sido fiel en el manejo de la izquierda social, la de las calles y las protestas, es Martí Batres, a quien le dejó claro que no tendría lugar en el gabinete cuando lo anunció en diciembre pasado, y le dejó como único espacio el parlamentario. Es lo mismo con Dolores Padierna y su exesposo, René Bejarano, que controlan una de las tribus urbanas en la Ciudad de México. Los políticos con experiencia están acotados por el momento, pero no es un destino manifiesto en un gobierno que comenzará con altas expectativas y en la cúpula, poca experiencia.  

TIEMPO EXTRA: Otros hombres de confianza. La lista de los círculos de confianza de Andrés Manuel López Obrador no se agota en lo que aquí se presentó, salvo quizás el cerradísimo primer círculo, con dos excepciones, el futuro director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, y su secretario particular, Alejandro Esquer. Horacio Duarte es otro hombre cercano a López Obrador, y será el encargado de manejar su importante programa de empleo a los jóvenes. En este grupo está José María Riobóo, que pese a los tropiezos con el nuevo aeropuerto en la capital federal, sigue teniendo el oído del presidente electo.

Publicado por Raymundo Riva Palacio.
En permanente exploración de nuevas formas para acercarse al lector, la columna Estrictamente Personal ha buscado durante más de tres lustros decodificar la toma de decisiones en la política mexicana y exponer las tensiones del sistema en el que operan. Los parámetros técnicos del género no han sido barrera nunca para que en el formato de columna se mezclen otros géneros como el del reportaje y la crónica, con un énfasis permanente en la investigación y en la explicación de los fenómenos que afectan a la sociedad.