¿Transparencia u opacidad?

 

1).- Una breve historia

En el 2001 se llevó a cabo en Oaxaca el Seminario: “Democracia, Transparencia y Acceso a la Información”. A iniciativa de Ernesto Villanueva, a la sazón investigador de la Universidad Iberoamericana (UIA), el evento concitó la participación de editores, periodistas, investigadores universitarios y otros organismos. Germinó la semilla de lo que en adelante sería el “Grupo Oaxaca”. La participación de la Asociación Mexicana de Editores, A.C. (AME) entonces presidida por Benjamín Fernández Pichardo, fue definitiva. Jorge Islas, Miguel Carbonell, Francisco Acuña, Juan Francisco Escobedo, Ernesto Villanueva, Jenaro Villamil, además de muchos otros académicos, periodistas y diarios de circulación nacional y local se sumaron al proyecto. Era el inicio de una serie de intensas reuniones, seminarios y cabildeos con las fuerzas políticas acreditadas en el Congreso de la Unión. Ahí cuajó la iniciativa de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública, promulgada por Vicente Fox en 2002. Fue una conquista de la sociedad civil. Jamás una gratuita concesión del gobierno, mucho menos logro de partidos políticos.

2).- Los órganos garantes y el manoseo oficial

La creación de los órganos garantes fue el complemento para hacer realidad la ley de transparencia y el acceso a la información; la rendición de cuentas y el fin de la opacidad. Nació el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) –hoy INAI-. Luego seguiría el de Sinaloa, gracias a la enjundia del entonces gobernador Juan S. Millán. Oaxaca fue de los últimos que se inscribió en la carrera de la transparencia. Y el Instituto Estatal de Acceso a la Información (IEAI), nació torcido. El entonces gobernador Ulises Ruiz impuso como pago de favores políticos, al ex diputado Genaro Vásquez Colmenares. Le acompañaron como comisionados: Alicia Aguilar Castro y Raúl Ávila Ortiz. La farsa se consumó con la votación mayoritaria del Congreso del Estado, entonces presidido por Bulmaro Rito Salinas.

Cuando concluyó la gestión del primer órgano y se dio el relevo, los partidos políticos iniciaron la rebatinga. La Comisión de Tranparencia y Acceso a la Información Pública y Protección de Datos Personales (COTAIPO), reflejó el manipuleo partidista: el PAN se quedó con la presidencia, encabezada por Esteban López José. Contador, maestro en el Tecnológico de Tuxtepec y sin remota idea del quehacer público. Dos damas lo acompañaron: Eréndira Fuentes Robles, cuota del PRD y Gemma Sheila Ramírez Ricárdez, impulsada por el PRI. Los resultados fueron poco más que lamentables. Permeó el burocratismo y la manipulación. La cacareada transparencia fue más bien opacidad. Y la COTAIPO un elefante blanco, con jaloneos y meneos entre los mismos comisionados.

3).- La tentación autoritaria

No obstante la exigencia de organismos de la sociedad civil de hacer del órgano garante una entidad autónoma y ciudadana, la tentación autoritaria prevaleció. Con Gabino Cué hubo una renovación del citado órgano. Tres comisionados: Francisco Álvarez, Abraham Soriano y Juan Gómez Cruz. Los dos primeros han presidido el IAIPO. No obstante los señalamientos de ser cuota de partidos, han puesto un dique respecto la COTAIPO. Sería absurdo no reconocer que no obstante las inercias y señalamientos, sus miembros han hecho una buena labor y echado andar proyectos como “Gobierno abierto”; han vinculado el órgano con instancias internacionales como la Unión Europea (UE) y se han abierto al escrutinio público a través de su página electrónica. Soriano, quien presidió el organismo hasta hace un par de semanas, terminó su período el 31 de agosto.

4).- Una burda imposición

La convocatoria para la designación del comisionado vacante fue debidamente publicitada por el Congreso local, aunque la tendencia oficialista fue notoria. Los dados ya estaban cargados. La crítica se volcó sobre el gobierno de Alejandro Murat, al haber optado por una persona con quien tiene ligas espirituales: es su padrino de bodas. Al día siguiente de que el IMCO arremetió en contra de su administración, al considerarla opaca y reacia a la transparencia, se consumó una farsa: la elección de María Antonieta Velásquez Chagoya, como comisionada del Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIPO), con 29 votos a favor, de nuestras lumbreras llamadas legisladores. Las viejas fórmulas; los viejos moldes. Nada de qué sorprenderse. El órgano nació torcido y si había una esperanza de mejorar, ésta parece haberse extinguido.

BREVES DE LA GRILLA LOCAL:

— Los frecuentes linchamientos, como el espectáculo grotesco ocurrido en Acatlán de Osorio, Puebla, no deben preocupar a las autoridades que procuran e imparten justicia. En la multitud amorfa hay uno que incita, la vieja argüendera que grita, el que lleva la soga para ahorcar, el que usa la barreta para abrir la cárcel, quien lleva la gasolina y el que avienta el cerillo. Sobre ellos hay que ir.

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