Mientras que el país se va acostumbrando a la nueva realidad.

Mientras vemos surgir nuevas caras que serán claves, a partir de aquí, y descubrimos que no solamente la comunicación, sino que también el reinvento moral de la nación pasa por gente joven, que hasta hace muy poco tiempo era desconocida para la mayoría del pueblo mexicano. Vamos viendo la diferencia que hay entre los temas de fondo que son: qué principios van a ser alterados con aquellos que marcan la pauta de la transición en cuanto a las formas.

El presidente electo sabe lo impresionante que resulta para el pueblo mexicano –siempre tan aislado y tan lejos de sus gobernantes– el tener un esquema en el cual quién le da protección es el mismo pueblo.

Todo el mundo está preocupado con este suceso, menos él. Ha habido otros líderes en la memoria de la humanidad que también confiaron en que el pueblo les protegería y que desafortunadamente después se escribieron crónicas sangrientas en las páginas de la historia.

Pero lo que de verdad es importante, es que toda esa fuerza y poder se van a utilizar ¿para qué?

¿Cuántas leyes van a ser cambiadas? ¿Qué quiere decir? que se van a ver todos los contratos de los campos petrolíferos –cosa que por otra parte si habido un proceso claro que está permanentemente en las redes con esas concesiones– ¿Pero de qué manera se va a alterar el sistema?

La corrupción sigue siendo el gran virus nacional a extinguir, pero tampoco se puede acabar convirtiendo en el gran pretexto para deshacer situaciones que podrían poner en peligro la credibilidad internacional del Estado.

Van pasando los días, nos reunimos con América y con Asia. Hacemos pronunciamientos nacionales e internacionales como país. Vamos viendo y viviendo crisis por la derecha y la izquierda, en las cuales todavía no hay pronunciamientos políticos claros con relación a lo que hoy ocupan las principales páginas de los periódicos de América. Y no me estoy refiriendo a las acciones concretas que la Secretaria de Relaciones Exteriores podría establecer.

Venezuela es parte de la preocupación americana. México, además de la Doctrina Estrada, tendrá que tener una política, la que sea.

Siempre he dicho que nunca he creído que sean comparables los casos de Andrés Manuel y Chávez, ni de Venezuela y México. Pero sí creo que en un momento en el que Brasil tiene que movilizar a su ejército, Colombia vive con casi un millón de refugiados, Perú tiene que replantearse en su política de admisión y Ecuador tiene que cuidar sus fronteras por el éxodo masivo de los venezolanos, nosotros no podemos ir de turistas por esta crisis humanitaria que sacude todas las conciencias de América.

Llegará un momento en el que tendremos que fijar nuestras posiciones, pero mientras tanto, de lo que ya comienza a ser hora –de acuerdo con el proyecto de nación– es de saber qué leyes y en qué orden se van a ir cambiando.

En definitiva, más allá de los símbolos, la cercanía de romper los cordones de la solidaridad delante de la casa de campaña, el programa y las preferencias políticas del nuevo gobierno ¿son…?