A veces la historia se divierte, nos hace guiños y con su actuación nos dice que uno nunca sabe.

Ver a Porfirio Muñoz Ledo –como casi todo, menos como presidente– a sus ochenta y cinco años encarando con sentido común y educación al escandaloso Fernández Noroña, como si fuera nuestro Old Lion de la política. Sin duda alguna es un espectáculo republicano.

Ocurrirá lo mismo en la mañana del primero de diciembre, si es que no pasa algo, cuando Muñoz Ledo coloque sobre el pecho de Andrés Manuel López Obrador la banda que lo acredita como el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. El Presidente de la cuarta transformación.

Si uno analiza lo que está haciendo el Congreso nos tendríamos que remontar hasta la edad de piedra para recordar a un gobierno que tuviera una mayoría tan amplia y suficiente como la de ahora, que no tiene nada que ver con lo que había antes. No sólo es anti ideológico ver que los primeros pasos se han dirigido a acortar ese insulto permanente que era el uso y abuso de sus señorías, tanto de los diputados, como el de los senadores.

Ser elegido senador era como sacarse la lotería. Una beca por seis años, todo pagado y además significaba ser la voz de la conciencia de la nación.

Mientras que ser diputado era como haber tenido la suerte de que la vida te diera todo resuelto a partir de ese momento: casa, comida y dinero. Es más, si sacamos las cuentas del número de diputados que volvían a trabajar, nos daríamos cuenta de que eran pocos.

Era un abuso indecente y yo como ciudadano que paga sus impuestos me pregunto ¿dónde está mi sentido común?

¿Dónde está mi sentido de la vergüenza?

¿Por qué permití, viví y toleré esos abusos contra mi dignidad, bolsillo y persona?

No solamente están cortando todos los gastos que pueden y esperemos que sigan. Que eso no sea el detrimento del funcionamiento de las instituciones, sino que sus primero pasos –siguiendo la senda marcada por el presidente electo, aparte de la austeridad– sean el rearme moral de la nación.

Acabar con el fuero para uno mismo y para el de enfrente es una de las mejores noticias que existe.

Además, solamente existirá la felicidad perfecta el día que haya una PGR y un sistema judicial capaz de usar esa pérdida de impunidad garantizada que significaba el fuero para los diputados, incluido el Presidente.

Por ese camino, si después de quitarse el fuero –cosa que aplaudo– se dedican recursos para formar fiscales, para tener policías de investigación y para tener un sistema judicial que sepa que es uno de los tres poderes del Estado, entonces ya estaremos del otro lado. Porque las leyes en nuestro país no se darán, sino que serán algo que hay que aprobar para luego seguirlas.

En medio de todo eso están las discordantes notas del “es y no es gobernador de Chiapas” o de las grillas internas de la mayoría que tiene relativamente poca importancia. Naturalmente, tanto en la política como en la vida, no es que el diablo esté en los detalles, es que en los detalles es donde se señala cuánto tiene uno de auténtico, tanto con lo que se dice y en lo que se hace.

 

Reporte Índigo