Se sabe que un grupo de empresarios del sector automotriz fundó un periódico para defenderse de la competencia. Lo utiliza como medio de presión sobre funcionarios del gobierno para que le asignen contratos que de otro modo no ganaría. Lo admite sin pudor. En el plano opuesto, hay un medio digital independiente que por pudor no tiene en sus planes acercarse al nuevo gobierno a solicitar publicidad. Cualquier contrato que reciba deberá ser transparente y en igualdad de circunstancias con la competencia, sin comprometer su independencia. Así de diferentes son los intereses en el sector de los medios en los que el gobierno federal gasta miles de millones de pesos cada año. El próximo gobierno quiere modificar la estrategia. López Obrador asignó la tarea al periodista Jesús Ramírez Cuevas, su coordinador de comunicación social. Ya trazó algunos lineamientos: 1) El gasto será disminuido sustancialmente. 2) Se manejará en la Presidencia, no en Gobernación. 3) El tamaño de las oficinas de comunicación social será recortado. Y otros igualmente saludables. Una observación: el chayote debe desaparecer. Es una incongruencia que existan periodistas millonarios en un país donde la mayoría de los medios son pobres.

* La Jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa