Del 7 al 13 de septiembre se celebró que en complejos comerciales y culturales se exhibieran películas mexicanas a bajo costo, pero los complejos como Cinépolis y Cinemex dejaron mucho que desear con su promoción, además de las salas que escogieron como sedes de proyección.

El esfuerzo por seguir consumiendo en México el producto fílmico nacional es una batalla constante que se libra con el acaparamiento que tiene el cine hollywoodense que invade las salas nacionales, ante esto un pequeño impulso se buscó realizar por parte de las instituciones oficiales que defienden las producciones locales.

Con la iniciativa aprobada primero en el Senado en 2017 y posteriormente por el Congreso de la Unión, de institucionalizar el 15 de agosto como el Día Nacional del Cine Mexicano fue como se congratuló el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) para sacar provecho del acuerdo e instaurar La Fiesta del Cine Mexicano.

Durante seis días, del 7 al 13 de diciembre se logró colocar en cartelera comercial 17 cintas de manufactura nacional, entre las que se encontraban cuatro filmes considerados clásicos, del que destacó “Dos tipos de cuidado” (1953) ya que causó furor su regreso a salas al tener presencia en 452 recintos.

Según datos presentados por la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (Canacine) el filme protagonizado por Pedro Infante y Jorge Negrete tuvo una asistencia de 44 mil personas, lo cual quiere decir que multiplicado por 20 pesos (el costo general para todas las entradas del ciclo) obtuvo una derrama económica de 880 mil pesos.

Durante los primeros tres días de esta fiesta se tuvo una asistencia en butacas de poco más de 150 mil personas para ver distintas proyecciones como “Rojo amanecer” (1990), “El lugar sin límites” (1978), entre otras contemporáneas.

La cifra final de asistentes presentada por Canacine fue de casi 312 mil asistentes, lo cual equivale a seis millones 240 mil pesos.

Pero esto resulta minúsculo ante lo recaudado por producciones estadounidenses, ya que solo por tener un ejemplo reciente, la película de horror “La monja” (2018) se embolsó 200 millones de pesos solo en su primer fin de semana de estreno, con 3.5 millones de espectadores.

Aunque el empeño por sobresalir se hizo desde los canales oficiales, la Fiesta del Cine Mexicano todavía tendría que ir por más a futuro, logrando extender su periodo de proyección y también dar cabida en complejos mucho más cercanos al cinéfilo común.

“Si está, pero no está en todos los complejos, el más cerca es satélite :c”, fue el comentario de Maffer Medina (@MafferSpeed1214) en Twitter en respecto al ciclo presentado en Cinépolis y a estos se sumaron los de otros usuarios como el de Dama de la Noche (@Black_Lady83) que expresó “Qué raro que en Polanco no vaya a estar esta cartelera”.

Problemas al comprar los boletos (tanto en Cinépolis como Cinemex) fue otra queja generalizada en redes sociales, además de que cibernautas del interior de la república pedían que se proyectaran las películas en sus complejos más cercanos.

También la difusión es algo que se quedó en la opacidad, ya que al menos Cinépolis y Cinemex dieron un impacto mínimo en sus cuentas oficiales de la red social del pájaro azul.
En Twitter las dos exhibidoras comerciales solamente hicieron tres menciones con el hashtag oficial #LaFiestaDelCineMexicano, mientras que la empresa en desarrollo Go Cinema que tiene presencia en áreas descentralizadas de San Luis Potosí y Sonora propagó en redes en múltiples ocasones que en sus salas se exhibía la fiesta fílmica.

Esta iniciativa recuerda lo que en algún momento hizo la extinta exhibidora en México Cinemark –la cual fue adquirida por Cinemex– en la que durante un día en septiembre se podían ver reestrenos nacionales por solo 10 pesos, esta campaña tenía por nombre “Cinemark a la mexicana” y llegó a posicionarse durante varios años consecutivos, mucho antes de que se creara de manera institucional desde el Estado el Día Nacional del Cine Mexicano.

Reporte Indigo