El Padre de la Patria

En un edicto, el 24 de septiembre de 1810, el Obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo calificó a Miguel Hidalgo y Costilla y a sus seguidores como perturbadores de la paz pública, seductores del pueblo y, como sacrílegos y perjuros; que habían incurrido en la excomunión mayor del canon. El nacido en Asturias, prohibió además en el mismo documento que a los insurgentes se les diera ayuda de cualquier forma, y exhortaba a cuantos seguían al cura de Dolores a desistir de acompañarle y, regresar a sus hogares dentro del tercer día de haber tenido noticia del mandato.

El arzobispo de México, Francisco Javier Lizana y Beaumont, expidió un nuevo edicto, el 11 de octubre de ese mismo año, declarando que la censura del obispo de Michoacán en contra de Don Miguel y la insurgencia era válida e impuesta conforme a los cánones; por lo que, toda la feligresía católica tenía que acatarlo. Dos días después, el tribunal del Santo Oficio ordenó que se publicara el edicto inquisitorial contra Hidalgo. 200 ejemplares del documento, se distribuyeron por la Nueva España, llamando al líder insurgente a comparecer ante el tribunal para refutar los cargos por los que era acusado.

Palabras más, palabras menos; Hidalgo y Costilla fue declarado hereje por la propia iglesia católica. El cura de Dolores padeció dos procesos: uno militar y otro inquisitorial. Antes de su fusilamiento le fue leída la terrible pena de excomunión: “Lo excomulgamos, lo anatematizamos y lo secuestramos de los umbrales de la Iglesia del Dios omnipotente para que pueda ser atormentado por eternos y tremendos sufrimientos, juntamente con Datán y Avirán… Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga, y que el cielo con todos los poderes que hay en él se subleven contra él, lo maldigan y lo condenen. ¡Así sea! Amén” … así de inmisericordes fueron con quien defendía sus ideales y buscaba un nuevo destino para su país. Quienes pregonaban la piedad, no la tuvieron para con el infortunado sacerdote.

En 2009, una investigación realizada por el arzobispado de México, concluyó que, no solo Miguel Hidalgo, sino también el gran José María Morelos y Pavón, fallecieron como sacerdotes; es decir, en el seno de la iglesia porque, ambos se confesaron antes de morir.

Abundan en el caso de Hidalgo diciendo que, no murió en la excomunión porque fue enterrado en terreno eclesiástico.

Pero, y ¿La persecución, la infamante degradación, las humillaciones? ¿Se borran automáticamente con las declaraciones del arzobispado? No olvidemos que la jerarquía católica de aquel tiempo se opuso a la lucha de independencia y condenó a la nueva nación.

Los infortunados hechos del fusilamiento de Hidalgo y Costilla en Chihuahua, casi un año después de iniciado el movimiento insurgente, lo conocemos hoy muchos compatriotas; por todo ello, en memoria del generalísimo,  de ese gran insurgente mexicano y, como apoyo a su lucha a 208 años de distancia es válido decir que ¡Todos somos herejes! y, para desgracia de la iglesia católica, al cura que excomulgaron por ser uno de los iniciadores del movimiento de independencia de nuestro país, hoy todos le conocemos como ¡El Padre de la Patria!

Twíter: @santiagooctavio

"Las opiniones expresadas aquí, no han sido sometidas a revisión editorial, son de exclusiva responsabilidad de los autores y pueden no coincidir con la de nuestro medio de comunicación o de nuestra empresa."