*”Las inmerecidas bendiciones de Dios las agradezco y me comprometen”*
*(Mons. Pedro Vázquez Villalobos)*

Este 17 de septiembre Mons. Franco Coppola, Nuncio Apostólico en México, acudió a la Verde Antequera a imponer el palio a nuestro VIII Arzobispo, don Pedro Vázquez Villalobos. Obispos de otras Provincias Eclesiásticas, de las Diócesis Sufragáneas, algunos eméritos como Mons. José Luis Chávez Botello y Mons. Arturo Lona Reyes; así como el Presbiterio Diocesano y cientos de fieles de Oaxaca y otros lugares, se dieron cita en la Catedral Metropolitana para presenciar este acontecimiento de gran importancia para nuestra Iglesia Local.

En la homilía el Nuncio Apostólico, parafraseando al Papa Francisco, recordó los tres rasgos esenciales que debe tener un Obispo: Ha de ser hombre de oración, de anuncio y de comunión; rasgos que también debe tener cada Presbítero y cada fiel cristiano. Señaló que el Evangelio no se anuncia sentado, sino por el camino y no como “actores” que repiten lo que han estudiado, sino como testigos de Cristo. Dijo que la Iglesia necesita unión, no solistas fuera del coro o líderes de batallas personales; que el pastor reúne, no busca el consenso del mundo, no está interesado en proteger su reputación, sino en tejer la comunión, actuando con humildad y discreción, sin cansarse jamás de escuchar y cuidándose del clericalismo que es una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia. Señaló que el Papa pide que nuestros pastores pongan especial atención a las familias, a los seminarios, a los jóvenes y a los pobres.

Al término de la Misa, con la sencillez y amabilidad que le caracteriza, nuestro Arzobispo don Pedro nos compartió los sentimientos que le embargaban ante las muestras de cariño de los fieles; dice que las palabras no ajustan para expresar lo que se siente, pero ante todo es gratitud a Dios por estas inmerecidas bendiciones que quiere darle y, a través suyo, a los demás. Esto le lleva no sólo a agradecer, sino a comprometerse todavía más; porque si no habiendo hecho nada la gente lo trata y lo mira así, es porque espera que se entregue a su servicio, que se desgaste, que dé lo mejor de su persona, de su vida y de su ministerio para ellos; eso es lo que se le solicita y lo que él quiere vivir.

A sus hermanos sacerdotes de Oaxaca les reitera la petición de que sean fraternos, que junto con él vivan la comunión, que se ayuden, que estén cerca, que se entreguen por completo a su Sacerdocio, a su ministerio; que los fieles tengan la libertad de acercarse a ellos. Comenta que cuando acude a las comunidades le agrada atender personalmente a la gente que está esperándolo para recibir la bendición o tomarse una foto con el Arzobispo; y no le gusta que los laicos le impidan este contacto con los demás fieles, pues comprende que si no los bendice, si no los toca como ellos quieren, no van a pensar que “se llevaron al Arzobispo a comer”, sino que van a decir “no nos bendijo”; y cuando alguien escucha esto dirá “todos son iguales, no nos bendicen, nada más nos buscan cuando necesitan de nosotros”. Por eso él sí atiende a las personas y solicita que sus hermanos sacerdotes también lo hagan. Pide a Dios su bendición para todos y para que él pueda darle gracias en el trabajo.

Nos unimos a su oración, pidiéndole a Nuestro Señor que continúe bendiciendo y fortaleciendo a Mons. Pedro, para que siga siendo un “pastor con olor a oveja”; y que María Santísima le lleve de la mano en su ministerio episcopal. ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.
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