Un tumulto refrigerado.

Juan Manuel López García.
“Estamos tan acostumbrados a la lógica del absurdo y a la estética del estupor que ya nada nos sorprende, ni nos acongoja. La noticia de moda, relativa a los cadáveres congelados, forma parte de la necropolítica” Manolo.

Tuvo que ocurrir un escándalo internacional para que las autoridades de Jalisco tomaran una decisión que debió hacerse desde hace mucho tiempo: construir una cámara refrigerada para albergar más de 300 cadáveres no reclamados o no identificados. El gobernador Aristóteles Sandoval, quien está a unos meses de dejar su cargo, tomó cartas en un asunto que ocurría desde 2016, pero que terminó por convertirse en crisis la semana pasada. Y es que el manejo de cuerpos por parte de las autoridades de procuración de justicia y del servicio forense resultó tan macabro, que parecía ser producto de un guión de película de Quentin Tarantino. Las fotografías que permiten ver cómo están apilados los cadáveres en las cajas de ahora dos tráileres, envueltos todos en plásticos negros y amarrados con cintas plateadas o rojas, son demoledoras. Quiero suponer que todo se hace de buena fe en cuanto al manejo de los cuerpos de personas fallecidas y no reclamadas, pero lo que quedó en evidencia no puede defenderse de ninguna manera.

Es importante mantener en buen estado los cuerpos que no han podido ser sepultados, pero resulta terrible pensar que debemos preparar morgues más grandes, cuando en realidad deberíamos destinar los recursos a temas de prevención. Tener que ampliar el espacio forense es señal de la descomposición social que se vive no solo en Jalisco, sino en todo el país. Apuesto a que gobernadores de otros estados, ya vieron remojar sus barbas y se alistan a adecuar sus instalaciones mortuorias para no ser ellos víctimas de un escándalo similar al que se vive en la tierra del mariachi y el tequila. El alto número de asesinatos en el país es similar al de naciones en guerra, y no se ven señales de que esa situación se resuelva pronto
La muerte es sinónimo de descanso, de reposo. En especial cuando se ha llevado una vida agitada, nos toma al final de los días después de una larga agonía, o si ella apareció de manera violenta, intempestiva, inesperada. Respetar a un difunto es, al menos, darle lo que llamamos sepultura cristiana: depositar su cuerpo en una tumba o sus cenizas en una urna, rezarle alguna plegaria, consolar a sus deudos y, entonces sí, desear que descanse en paz. Pero en nuestro país, parece que los muertos ni siquiera tienen derecho al sosiego. No hace poco supo este observador que también en esa bella tierra de Guadalajara se ventiló un hecho lamentable: durante semanas un niño de 12 años, asesinado, no fue reclamado por familiar alguno.

Los asesinatos en la Perla Tapatía –más de mil 200 en lo que va del año–, que el Instituto Forense Jalisciense se ha visto rebasado en su capacidad: puede albergar solo 144 cuerpos. Fue por ello que a las autoridades responsables se les ocurrió contratar camiones con refrigeración para albergar de manera temporal la carga humana convertida en mercancía. El hecho demuestra, al menos, tres cosas. Que la violencia en nuestro país no solo continúa, sino que va aumentando de manera cada vez más alarmante. Y no solo como consecuencia de las vendettas entre cárteles de la droga, sino como manifestación de la ausencia evidente del estado de derecho, con la proliferación de la delincuencia común. En segundo lugar, es también patente que las diferentes autoridades –federales, estatales, municipales– no están capacitadas para manejar de manera adecuada esta estrategia de combate al narco. Desprovistos de formación y herramientas, funcionarios y policías demuestran o incompetencia o complicidad con los maleantes. ¿Son culpables solo los mandos intermedios, o la responsabilidad también llega a los más altos niveles de gobierno? Por último, es inaceptable que los cadáveres, en su mayoría… ¡no han sido identificados en dos años! ¿Que acaso no tienen familiares o amigos? ¿Es tan grande el miedo de sus allegados a correr la misma suerte, que prefieren abandonarlos a una situación tan inhumana?

No podemos acostumbrarnos a estos horrores. No debemos permitir que si en nuestro país no se puede vivir con tranquilidad, tampoco se puede alcanzar la paz ya muertos. Estamos no solo ante un aberrante desprecio por la vida, sino también a un ultraje hacia quienes la han perdido. Delincuentes o no, fueron seres humanos, y esos cuerpos no pueden ser considerados como una carga incómoda de la que debemos desprendernos. Pero no nos debe extrañar: si en México no se respeta la vida… ¿cómo se va a respetar a la muerte? Cierre ciclónico. Amor y paz era la leyenda hippie. Había que extender los dedos índice y medio de la mano, mientras los otros se encontraban flexionados y con la palma hacia afuera. El signo manifestaba una clara oposición a la guerra en Vietnam y a la violencia en general. Ahora resulta que el Presidente electo lo utiliza cada vez que es criticado, por algún desliz como el que acaba de tener, al afirmar que recibe un país en bancarrota. De señal de protesta pasó a ser reclamo por criticarlo. Estamos empezando mal. Tal cual cadáveres que huelen mal por putrefacción, para que no se perciba se descubrió un tumulto refrigerado.
Jugadas de la Vida.

En Inglaterra “V” de la victoria se hace con la palma de la mano hacia el exterior, pues de otra manera significa que se duda de la capacidad sexual del interlocutor.

Twitter: @ldojuanmanuel.

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