La violencia y la pérdida de vidas en el Instituto Politécnico Nacional.

El escenario de otro operativo militar en el contexto del Movimiento Estudiantil de 1968 fue en las instalaciones del Politécnico. “El Ejército entró a Santo Tomás y Zacatenco”, se lee en el cintillo de la edición de Excélsior del 24 de septiembre de 1968. “La Vocacional 7 fue ocupada por la policía; tiroteos entre jóvenes y agentes, dos muertos; heridos en ambos lados”, dice el título de la nota informativa.

Hace 50 años también se conoció la información de que Manuel Marcué Pardiñas y 38 personas más, entre ellos Eli de Gortari, Jorge Tamayo López Portillo, Salomón de Swaan Oliva, Julio Boltvinik Kalinka y la pintora Rina Lazo Warren de García habían sido consignados por la Procuraduría General de la República (PGR), como presuntos responsables de siete delitos, en relación con los disturbios estudiantiles.

La información recabada por Excélsior sobre los enfrentamientos, durante el 23 de septiembre de 1968 y las primeras horas del 24, iniciaba así: A las 03:15 horas de hoy (24 de septiembre de 1968), cuatrocientos soldados al mando del general Gustavo Castillo catearon todos los edificios del Casco de Santo Tomás, del IPN, para desalojar a decenas de estudiantes que habían permanecido allí después de violentos encuentros a tiros con granaderos y agentes de la policía.

En los tiroteos hubo dos muertos, un granadero y un estudiante, y un número indeterminado de heridos, de ambos bandos, y de detenidos.

Los muertos fueron el estudiante Ángel Martínez Velázquez, del quinto año de Medicina Rural del Instituto Politécnico Nacional, y el granadero Francisco Albarrán. El cadáver de este fue llevado al anfiteatro de la Cruz Roja, y el del estudiante, en el de la Escuela de Ciencias Biológicas, en Santo Tomás.

A las 12:30 de la noche, el Ejército se presentó en la Unidad Zacatenco del Instituto Politécnico Nacional. Fueron unos mil soldados en 13 tanques ligeros y 30 transportes. Además, 59 patrullas de la Policía Preventiva y 150 agentes de la Policía Judicial se colocaron alrededor.

A las 2 horas de hoy (24 de septiembre de 1968), las tropas empezaron a salir de Zacatenco. El general Gustavo Castillo, que dirigió la operación militar, dijo que “ningún elemento del Ejército se iba a quedar en la zona”. Empero, un gran número de soldados “acordonó” los edificios principales de Zacatenco.

Como parte de la información ofrecida por Excélsior hace 50 años, se publicó una lista de personas lesionadas. En el hospital Rubén Leñero estaban los policías Laurencio Alcántara Martínez y Primitivo Gallardo, con quemaduras causadas por cocteles molotov.

Los lesionados de bala fueron Sergio o Jorge Gaona, Pedro Bobadilla Martínez, Juan López Ibáñez, Lorenzo Díaz Miranda, José Lara Guerra, Florencio Díaz Miranda, Norberto Reyes Mendoza, Francisco Albarrán. Los estudiantes hospitalizados: Moisés Zúñiga Torres, Herminio Mendoza Sánchez, heridos por esquirla de granadas. Balaceados: Gloria Tapia Valencia, Antonio N, Guillermo Martínez, Guillermo Sthal Zepeda, Joaquín López Salazar y el profesor Josafat Figueroa.

Parte de la información generada en las últimas horas del 23 de septiembre y publicadas en la edición del 24, fue la toma de la Vocacional 7, en Tlatelolco por parte de policías. El operativo comenzó a las 23:45 horas. Hubo un intenso tiroteo entre policías y estudiantes. Los proyectiles rompieron los vidrios de muchos departamentos. Decenas de familias tuvieron que esconderse bajo las camas y mesas de sus casas, temerosas de ser alcanzadas por las balas. Los granaderos tomaron la Vocacional y detuvieron a quienes estaban ahí.

También, se lee en la nota periodística, encontraron 300 bombas molotov. Cerca de allí, la policía detuvo una camioneta Datsun, modelo 1968, placas ES126, donde viajaba el teniente del primer batallón de infantería de Guardias Presidenciales, Francisco Rodríguez Villarreal, quien estaba escondido sobre el piso. Llevaba una metralleta, un rifle de alto poder y una pistola calibre 45. Se supo también que en las primeras horas de hoy (24 de septiembre de 1968), varias decenas de vecinos de la Unidad Nonoalco Tlatelolco se reunieron cerca de la Vocacional 7, para realizar una manifestación de protesta por la ocupación policiaca del plantel, pero fueron dispersadas con gases lacrimógenos.

La información publicada hace 50 años indica que a las 23:30 horas, cientos de granaderos, apoyados en tiros de fusil, tomaron todas las escuelas del Casco de Santo Tomás. Se detuvo a unos 350 estudiantes, que fueron subidos en camiones urbanos y vehículos policíacos.

El granadero Alberto Mejía Guzmán, entre una lluvia de balas y cocteles molotov, logró abrir la puerta de la Escuela de Ciencias Biológicas, donde estaba concentrada la mayor parte de estudiantes. Así pudieron entrar los policías. Entre los detenidos había muchas jovencitas. Los granaderos las golpearon con sus rifles. Un grupo de jóvenes elaboró una bazuka con un tubo y el primer disparo que hicieron lesionó a cuatro granaderos.

Desde un automóvil blanco hubo una andanada de tiros contra tres policías, que resultaron con heridas en los pies. En la esquina de Cedro y Carpio, algunos politécnicos intentaron asaltar una gasolinera pero fueron dispersados con gases lacrimógenos por medio centenar de policías. En Díaz Mirón y avenida de Los Maestros, los estudiantes lanzaron un coctel molotov, al interior de un autobús urbano repleto de policías. Estos rompieron los cristales y, por las ventanas, salieron del vehículo. En esa misma esquina había decenas de politécnicos parapetados, que arrojaban proyectiles contra toda clase de vehículos.

Excélsior publicó que en avenida de Los Maestros, el policía Sergio Gaona fue alcanzado por dos balas: una le dio en el vientre, y la otra en el cuello. Una ambulancia lo condujo al hospital Rubén Leñero. En Plan de San Luis y Carpio, unos estudiantes que viajaban en un autobús secuestrado estrellaron este contra un árbol detrás del cual varios periodistas se protegían.

Unos mil 500 granaderos llegaron al Casco de Santo Tomás a bordo de autobuses de pasajeros. Inmediatamente rodearon el lugar. Tanto uniformados como estudiantes empezaron a disparar con armas de fuego.

Los estudiantes, desde las escuelas y desde algunas casas, arrojaban cocteles molotov a los policías y a los autobuses en que llegaban estos. Un jeep policiaco se incendió. El vehículo con placas de circulación 654LS. Todos los comercios cerraron y varias personas que caminaban por el lugar fueron golpeadas por los policías. Otro de los vehículos incendiados, un Volkswagen donde viajaban dos periodistas de un matutino. Héctor Piña, subjefe de prensa de la Procuraduría del Distrito, fue lesionado por una bala en la pierna izquierda. Los últimos dos camiones incendiados con cocteles molotov quedaron en la esquina de Carpio e Instituto Técnico. Fueron consumidos totalmente por las llamas. En Carpio y Lauro Aguirre, hubo otro camión quemado. En Guerrero y Camelia, a las 23:00 horas, ardió un autobús atestado de pasajeros. No hubo heridos.

A las 20:45 horas, cuando se inició un apagón, se escuchó una descarga de balazos y gritos de mujeres y niños en toda la zona. Más de una hora después, a las 21:55, se restableció el servicio de energía eléctrica. Empero, seguían escuchándose balazos, según se publicó.

No obstante el panorama de violencia que se reflejaba en la información periodística, en otra nota, firmada por Alejandro Ortiz Reza, el jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, afirmó que en la capital del país había un clima de libertades.

Caso Barros
En una nota informativa firmada por Antonio Ortega, distintos directores de escuelas, facultades y unidades administrativas de la UNAM habían acordado por unanimidad, pedir a la Junta de Gobierno, máxima autoridad de la UNAM, que no aceptara la renuncia presentada por el rector, ingeniero Javier Barros Sierra.

Después de la vapuleada que Luis M. Farías, líder de la Cámara de Diputados le dio a rector, el priista lamentó la renuncia del ingeniero Barros, sin hacer un intento serio para resolver el problema en esa institución, y se declaró partidario de un diálogo para discutir y acabar con el actual conflicto. “Continuar la agitación es causar perjuicio a los estudiantes y al país”, dijo Farías. Y añadió: “No hay nadie en México que quiera que esto continúe o que desee algún mal a los estudiantes”.

* The Huffington Post México / Este texto se publicó originalmente en Excélsior.