El ex presidente Ernesto Zedillo tuvo un gesto inusual en un político: admitió que se equivocó en la estrategia con la que enfrentó el problema de las drogas; usó a las fuerzas policíacas en vez de regular el mercado. Fox no corrigió el rumbo, al contrario, vendió su libertad a El Chapo Guzmán y lo que siguió fue la crisis con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, con un saldo de decenas de miles de muertos. El futuro gobierno de Morena no quiere insistir en el fracaso del uso de la fuerza, sino emplear el aparato de inteligencia para llegar a los jefes que mueven el dinero. Sólo que la línea que divide lo lícito y lo ilícito se ha hecho borrosa. La mariguana hizo su debut en la Bolsa de Valores de Nueva York, y los inversionistas están adquiriendo acciones. El mercado se perfila prometedor: el gasto mundial en productos derivados de la cannabis llegará a 32 mil millones de dólares en 2020, estima BDS Analytics, una firma de servicios de datos especializada. Las refresqueras, como CocaCola, están trabajando en una bebida que contendrá una variedad de mariguana sin efecto sicotrópico. Al parecer, la batalla de la mariguana está perdida.

La Jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa