Donald Trump utiliza la firma del acuerdo trilateral como un triunfo personal, algo que consiguió para beneficiar a los trabajadores estadunidenses. Le servirá para hacer campaña en las elecciones de noviembre. Probablemente exagera y no habrá un beneficio inmediato, pero más adelante así será porque el tratado contiene disposiciones que tienden a disminuir las exportaciones de Canadá y México. Bien lo reconoció el primer ministro Justin Trudeau: tuvo que hacer concesiones para no perder su lugar. Para los mexicanos hay una ventaja: el artículo constitucional que establece el dominio de la nación sobre sus hidrocarburos quedó incorporado casi textualmente. No podrán recurrir las empresas extranjeras a reclamar el petróleo o el gas como propio si resultara algún litigio en la revisión de los más de 100 contratos que ha firmado el gobierno. Se le había olvidado ese detalle a los representantes de Enrique Peña Nieto, pero se incorporó a tiempo el del nuevo gobierno, Jesús Seade, y tapó el agujero.

La Jornada / Dinero /Enrique Galván Ochoa