OAXACA, Oax. Gustavo Díaz Ordaz, el presidente cuyo gobierno reprimió el Movimientos Estudiantil de 1968 es descendiente de oaxaqueños, aunque nació en Puebla, trascurrió una parte de su niñez  bajo la supervisión de  su madre, Sabina Bolaños Cacho y su padre Ramón Díaz Ordaz en Tlacolula de Matamoros.

A pocos kilómetros de ahí, en San Juan Guelavia, la historia de otro oaxaqueño inició unas décadas después: Ildefonso Pérez García, quien después se convirtió en  integrante de la Brigada de Fusileros y Paracaidistas que participaron en la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas.

El destino de ambos se cruzó en el otoño del 68, el primero dio órdenes, el segundo las cumplió.

“Nos traicionaron, esa tarde nos traicionaron, fuimos enviados para supervisar la manifestación en la Plaza de las Tres  Culturas, nadie dijo nada de matar, íbamos a resguardar la movilización, como muchas otras en ese año”, recuerda Pérez García en entrevista para Oaxaca Media.

Mientras se acomoda en su silla, el hombre de mediana estatura y gesto amable suelta una frase: “estas son cosas que uno no quisiera recordar.” Cincuenta años después, y a pesar de haber sido testigo presencial y participe, no termina de entender lo que ocurrió. Tenía 18 años cuando la vida lo plantó frente a la muerte.

“Era un joven con deseos de ascender en la vida militar, siempre me gustó, junto con otros 15 paisanos nos alistamos, aunque sabíamos que seríamos los primeros a los que iban a llamar para los madrazos”.

¿Ustedes sabían lo que pasaría?

─Fuimos con instrucciones precisas de vigilar, de desalojar sin tirar balazos, nos dijeron cómo debíamos responder a determinadas señales y circunstancias: “cuando vean esto y esto vamos a proceder, si disparan, disparen”. Pero no se nos informó que habría un grupo de francotiradores, fue una trampa.

Pérez García  cuenta que él estaba acuartelado junto con varios compañeros, sabían lo que estaba pasando con los estudiantes y sus movilizaciones, pero no todo.

─ El 2 de octubre recibimos la orden de dirigirnos a Tlatelolco, llegamos ahí a las tres, todo parecía muy tranquilo. Rodeamos el perímetro, como a las cinco y media los líderes estaban hablando, a las seis y tantos, las luces de bengala brillaron en el cielo y entendimos que era el momento de dispersar la manifestación, pero llegando ahí nos recibieron con balazos, venían de los edificios, todos nos resguardamos, no entendíamos que ocurría, mi general, José Hernández Toledo resultó herido, entonces nosotros respondimos al fuego, a lo sonso.

¿Había suficiente luz para distinguir a quién disparaban?

─ Eran las seis de la tarde, claro que había luz, y los reflectores se mantuvieron encendidos, fue una matanza muy bien iluminada.

¿Se siente responsable de la muerte de los estudiantes?

─ Hubo muertos por todos lados, hubo bajas de ambos bandos, mi vida también corría peligro, reaccionas de prisa…

Poncho, como prefiere que lo llamen, toma aire, hace una pausa, y continúa.

…Tú eres militar, tu cumples órdenes, no dio tiempo de pensar nada, siempre culpan al Ejército, pero en eso hubo muchas manos, el gobierno ocultó todo, también había gente de otros países que portaba armas.

Su mirada se extravía en medio de la charla…

─ Vi a una mujer embarazada con un disparo, estaba muriendo, el feto en su vientre aún se movía, ¿qué podía hacer? era mi vida o la suya.

¿Qué pasó luego de las ráfagas de disparos?

─ Eso duró como media hora, luego se calmó y entonces comenzamos organizar la situación, levantamos a algunos heridos, separamos a las mujeres y hombres, también a los que no eran estudiantes, fuimos concentrando los cadáveres y deteniendo. Lo que pasó después con ellos yo sólo lo supongo, esa no fue una de mis responsabilidades esa noche. Como a las 10 hubo más balazos; pero a las dos, tres de la mañana, ahí ya sólo quedaba sangre y miles de casquillos. Nos mantuvieron cuatro días más en el lugar para resguardar.

¿Cómo fue su vida luego de eso?

─Te entrenan para cumplir órdenes, las preguntas vinieron después, la confusión también, ahora ya ha pasado mucho tiempo, pero unos años después llegué a oír que querían desaparecer a varios que estuvimos ahí y entonces me fui de México, ahora nunca hablo de esto, mis hijos y mis nietos no preguntan tampoco.

¿Considera que el caso Ayotzinapa se asemeja en algo a lo ocurrido en 1968?

─ México sigue siendo el mismo, es un país injusto con sus víctimas, el gobierno miente, siempre oculta algo, en lo que pasó en Guerrero ellos tuvieron mucho que ver, pero no contarán esa parte, no pueden admitirlo.

* Con información de Oaxaca Media por Paola Flores