El XLIV Congreso de Cronistas

Oaxaca, Oax.- Como lo comente en la página del domingo 28 de octubre, asistí al XLIV Congreso de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, mismo que se celebró en Carmona y Sevilla del 26 al 28 de Octubre de 2018, antes, del 22 al 24 asistimos al ciclo de conferencias las fiestas de moros y cristianos en México y Orihuela,  “Paralelismos y singularidades”, tema que se significa por la reconquista de la ciudad –que fue en la edad media la segunda más importante del Reino de Valencia-.

Todo he de decirlo es de una belleza sorprendente, en Carmona por ejemplo parece que el tiempo se detuvo y se contempla desde la puerta de Córdova, pasando por callejuelas estrechas, hasta la puerta de Sevilla, una ciudad amurallada que desde el paleolítico hasta la actualidad ha estado habitada; hay ejemplos de la casa de Saltillo donde se aprecian edificios del siglo VII  a.c. en fin su patrimonio monumental está constituido por (iglesias “8”, conventos “4”, ermitas “2”, casas palacio, centro  temático del Mudéjar  es un patrimonio único de la humanidad.

Asistí con 60 cronistas de España, todos oficiales, de lugares como Badajos, Murcia, Valencia, Almería, Madria, Corcova, Alicante, Avila, Cuenca, Alcala la Real, Jaén, Asturias, Cáceres y Baleares entre muchas otras,  con temas tan variados como “La Heraldica municipal de los pueblos y ciudades de la Rivera del Júcar (Valencia) o los obispos de Talarrubían, entre temas históricos, religiosos o de la guerra -yo presenté un trabajo que lo resumo en dos partes y que mi intención es internacionalizar nuestra máxima fiesta, en el medio cultural de España, por ser nuestro Lunes del Cerro una fiesta de sincretismo,  música, baile y expresión de un pueblo como lo es el Estado de Oaxaca.

LOS LUNES DEL CERRO

Oaxaca es el reducto espiritual de la mexicanidad de los grandes grupos étnicos conocidos como Zapotecas y Mixtecas, razas que la historia las consigna además de valientes en sus hazañas guerreras, como artistas en el campo de sus vivencias, al hablar de su religión, decimos que eran  muy semejantes  ambas razas, ya que divinizaban a un Dios supremo y fundamental y creador de todas las cosas, según su cosmogonía, era el dios de dioses que regía a la humanidad, además, tenían númenes tutelares como el Dios Zaagui que los pueblos Mixtecas lo tenían como protector de las lluvias  la fertilidad, igualmente los Zapotecas poseían a su deidad de la agricultura y las mieses, en particular, al dios del maíz
al que le llamaban Pitao Cozobi, a estas deidades año tras año, en la época en que las mazorcas de maíz estaban jiloteando les ofrecían una fiesta en la que les tributaban cantares  y danzas, las que eran ejecutadas con belleza y extraordinaria habilidad.

Al igual que los pueblos antiguos de Lulaa, los mexicanos también divinizaban al dios de la Agricultura, el maíz en especial, llamado Centéotl, y a Xilónen, diosa del Maíz tierno o elote, a quienes tributaban además de sacrificios humanos cantares y danzas en el octavo mes de su calendario llamado Ney Tecuilhuihuitl, en el primer día de este mes hacían fiesta a la diosa Xilónen, en la que daban de comer a todos los pobres ocho días continuos antes de la fiesta, todos estos ocho días bailaban y danzaban haciendo Areyto ataviados con ricas vestiduras.

“Llegados a Guajaca, asentaron su ciudad y pobláronla conforme a la instrucción que les dio el rey, poniendo a cada nación en su barrio. Los señores que habían ido a acompañar al visorrey de Guaxaca, se volvieron y dieron nueva  relación del orden y concierto con que la ciudad de Guaxaca se había tornado a reedificar y del buen gobierno de su primo, de lo cual el rey holgó mucho”.

Estas fiestas de los pueblos mexicanos, vinieron a incrustarse entre las de los pueblos Oaxaqueños, cuando en el año de 1486 fueron establecidos los pueblos de Coyolapan, Xochimilco, Chapultepec y Mexicapan, por las huestes del Guerrero Ahuizotl, a partir de la aculturación de esos pueblos prehispánicos, no se interrumpieron las festividades dedicadas a los dioses de la agricultura y las mieses, contrario a ello, surgieron con más entusiasmo y veneración a sus divinidades permaneciendo vivas sus costumbres, la historia que viene rigiendo desde hace cientos de años, nos dice: 

“… por aquel tiempo Xochimilco era un vergel donde abundaban las azucenas silvestres, que las jóvenes doncellas recogían para ofrecerlas como símbolo de la castidad y pureza de su alma a sus dioses, durante los ocho días que duraba la gran fiesta de los señores, con gran solemnidad se reunían los principales y nobles en las primeras horas de la mañana dedicándose a cantar y a bailar, por la tarde concurrían casi todos los habitantes de los pueblos del valle, a las faldas del cerro de DANINAYALOANI (cerro de la bella vista), hoy cerro del Fortín, para presenciar y gozar de la gran fiesta dedicada a la diosa Xilónen que se llama así, porque la mazorca del maíz cuando es tierna del grano se llama Xilótl, derivándose el nombre de “Xilónen”.  

A la llegada de las ordenes mendicantes a Oaxaca, amparados por la religión católica, trataron de destruir los ritos paganos de los pueblos mesoamericanos, no lográndolo del todo, pues en el siglo XVII aún seguían reuniéndose en las faldas del cerro de  Ecatepec, los religiosos Carmelitas que por el año de 1679 empezaban a erigir su templo y convento, sobre el lugar donde dos siglos antes había sido primeramente un Teocalli de los Mexicas  y después  en 1532, la ermita de La Santa Veracruz, creyeron oportuno y en ocasión de la erección del templo actual, organizar una mascarada en la que la “TARASCA” fuera representada por el pueblo, así fue como la muchedumbre después de haber practicado la liturgia cristiana en honor de la imagen de la Virgen del Carmen el día 16 de julio, salíanse de la casa cristiana y se dirigían hacia el “PETATILLO” con estruendoso júbilo.

Desde entonces la mascarada de la tarasca y las procesiones dedicadas a la virgen del Carmen, se comenzaron a hacer y lo siguen haciendo hoy en día, una fiesta importante, a la cual sigue acudiendo el pueblo de Oaxaca, como en una romería.

Por los años de 1730-1741 el gobierno eclesiástico de Oaxaca estaba en manos del obispo Tomás Montaño y Aarón, personaje a quien le había causado repulsión la extraordinaria mascarada organizada en su honor y que exhibía el pueblo por aquellos días, sobre este asunto, nos indica un  manuscrito inédito que:

“…No cuadrando esta práctica al señor obispo Tomas Montaño y Aarón, el espanto que esto causaba la substituyo con unas esculturas de tamaños descomunales que representaban varias razas humanas a las que se les dio el nombre de Mojigangas o Gigantes”.

Oaxaca, Oax., a 04  de noviembre de 2018.
Jorge Alberto Bueno Sánchez.
Cronista de la Ciudad de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M.

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