Haz lo que amas y vivirás más tiempo, según una filosofía japonesa

Una comunidad en la isla de Okinawa se basa en la felicidad derivada de estar ocupado en alguna actividad que tiene un significado y un propósito.

Nota del editor: Este ensayo forma parte de una columna llamada The Wisdom Project de David Allan, director editorial de CNN Health and Wellness. La serie trata de aplicar a la vida la sabiduría y la filosofía que se encuentran en todas partes, desde los textos antiguos hasta la cultura pop.

– ¿Qué pasaría si pudieras vivir más tiempo solo con dedicarte más a lo que más te gusta hacer?

Es una interesante teoría comprobada en una comunidad en la isla de Okinawa apodada como “La Aldea de la Longevidad” porque sus residentes tienen la mayor esperanza de vida en el mundo. También se apegan a una filosofía japonesa conocida como ikigai, traducida simplemente como la felicidad derivada de estar ocupado en alguna actividad que tiene un significado y un propósito para ellos.

Ogimi, el pueblo amigable que con las personas más longevas del mundo, es conocido por su ritmo lento, vistas al océano, reuniones comunitarias, huertos personales y residentes que sonríen, ríen y bromean sin cesar.

También se enorgullecen de vivir hasta los 100 años y rebasarlos. Tienen menos enfermedades crónicas que la mayoría de las personas, incluido el cáncer y las enfermedades cardíacas, y su tasa de demencia está muy por debajo del promedio mundial.

La pregunta entonces es: ¿cómo, por qué?

Se ha escrito mucho para explicar el fenómeno, como el libro de Dan Buettner sobre las “zonas azules” The Blue Zones: Lessons for Living Longer From the People Who’ve Lived the Longest y libros sobre la filosofía ikigai, como el de Héctor García y Francesc Miralles Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz.

La respuesta es probablemente una combinación de factores que incluyen los elementos habituales: dieta, movimiento/ejercicio y la amistad y la comunidad. Lo que tienen en común estas “zonas azules” de la longevidad y la felicidad en el mundo son residentes que llevan una vida simple con pocas posesiones, que pasan mucho tiempo al aire libre, se mantienen activos con amigos, duermen lo suficiente y comen de forma ligera y saludable.

Lo que los japoneses centenarios agregan a esta lista es el ikigai, un concepto que a veces se usa como sinónimo de propósito, pasión, significado, misión, vocación y motivación. Si tomas todas esas nociones juntas y destilas su contenido, obtienes ikigai.

Encuentra tu ikigai

Ikigai ha sido dibujado en libros y artículos como el centro de un diagrama de Venn en el que tus respuestas se superponen con estas preguntas: ¿Qué es lo que amas? ¿En qué eres bueno? ¿Por qué te pueden pagar? ¿Qué necesita el mundo? Cuando encuentras la respuesta que se ajusta a las cuatro preguntas, ese es tu ikigai.

Otra forma de definir tu ikigai es simplemente preguntarte: ¿Por qué te levantas cada mañana? o ¿qué te motiva?

O como Viktor Frankl lo parafrasea, “¿Por qué no te suicidas?” Este psiquiatra y neurólogo, es el creador de un tipo de terapia con temas espirituales conocida como logoterapia. También es el autor de El hombre en busca de sentido, sobre cómo su experiencia de sobrevivir al campo de concentración nazi en Auschwitz le enseñó que una vida orientada a un propósito es la respuesta para superar obstáculos y penas.

Ken Mogi, un neurocientífico japonés y autor de Awakening Your Ikigai: How the Japanese Wake Up to Joy and Purpose Every Day equipara el ethos del ikigai con el famoso eslogan del gobierno británico en los carteles de la Segunda Guerra Mundial: “Mantén la calma y sigue adelante”.

La logoterapia de Frankl pretende ayudar a los pacientes a encontrar su propósito en la vida. (“Logos” es la palabra griega para “sentido, significado”). Si te sientes ansioso o vacío, es porque estás teniendo una crisis existencial, argumenta Frankl. La logoterapia tiende a mirar más hacia el futuro en lugar de, digamos, buscar las raíces del malestar en tu infancia.

La terapia es una forma de encontrar tu ikigai, que es el “combustible existencial” que nos motiva a vivir vidas largas y felices, como lo dicen García y Miralles. Es más barato que la terapia hacerte la pregunta “¿cuál es el significado de mi vida?” y perseguir actividades que apoyen tu respuesta.

Aún más simple es la pregunta “¿qué es lo que más me gusta hacer?” Tu ikigai puede estar en aquellas actividades que tienden a inducir un estado de estar completa y deliciosamente inmerso en esa acción, lo que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi llamó “flujo” y Abraham Maslow llamó “experiencias cumbre”.

El doctor Sanjay Gupta, corresponsal médico de CNN, sugirió otra pregunta para descubrir tu ikigai: “Si el dinero no fuera un obstáculo… ¿qué lamentaría no haber hecho con mi vida?”

No hay una forma única de hallar tu ikigai, y las respuestas individuales son radicalmente variadas. Tu ikigai puede ser la devoción a los amigos, cocinar, ser un buen padre o madre, escribir, la investigación científica, luchar contra el cambio climático, dibujar, ayudar a tus vecinos y un largo etcétera.

García y Miralles entrevistaron a los ancianos residentes de Ogimi, Japón, sobre su ikigai personal, y sus respuestas incluyeron: “Plantar mis propios vegetales y cocinarlos yo mismo”, “reunirme con mis amigos” y “hacer cosas con mimbre”. El ikigai no necesita ser algo grandilocuente o complicado, y es mejor no estresarse por ello.

El ikigai es en gran medida solo la actividad que te mantendrá feliz hasta el final de tus días. (Y al perseguirla, probablemente tendrás más de esos días).

“Necesitas encontrar tu ikigai en las pequeñas cosas. Tienes que empezar poco a poco. Necesitas estar aquí y ahora. Lo más importante es que no puedes y no debes culpar al entorno por la falta de este. Después de todo, depende de ti encontrar el tuyo, a tu manera”, escribe Mogi.

Una vez que lo encuentres, incluso si no vives hasta los 100 años, tu vida puede sentirse más larga porque está más comprometido con ella mientras está aquí.

Y vivir con un propósito fomentará otros comportamientos que promuevan la longevidad. “Tener ikigai te induciría a llevar un estilo de vida más saludable, con más ejercicio, más actividades sociales y aprendizaje de por vida”, me dice Mogi.

También le pregunté a Mogi sobre su ikigai personal. “Solía perseguir mariposas y estudiarlas cuando era niño. Ahora, salir a correr por la mañana es mi ikigai. Conectar con personas de diferentes orígenes, cruzar los límites del idioma, la etnia y la nacionalidad, es probablemente el mejor de mi vida ahora. Así que puede ser pequeño y grande, ambos igual de importantes en la vida de uno”, comenta.

Cuando pienso en mi propio ikigai, las actividades que me dan más fluidez son las creativas, principalmente escribir, contar historias y compartir experiencias con mi esposa y mis hijos. Me gusta pensar que estas actividades también tendrán un impacto más amplio en el mundo. Si pudiera pasar todos los días por el resto de la vida realizando esas actividades, moriría muy feliz y aparentemente muy viejo.

Tú y tu ikigai: Hasta que la muerte los separe

Una vez que encuentres tu ikigai realmente no hay razón para renunciar a él, retirarse. Al parecer los japoneses ni siquiera tienen una palabra para “retirarse”. Es el no retirarse de tu vida impulsada por un propósito lo que parece ser el factor clave de la longevidad y la felicidad en Okinawa.

No es tan fácil como suena, por supuesto. “La vida moderna nos aleja cada vez más de nuestra verdadera naturaleza, lo que nos facilita llevar vidas carentes de sentido. Poderosas fuerzas e incentivos (dinero, poder, atención, éxito) nos distraen a diario; no dejes que se apoderen de tu vida”, escriben García y Miralles.

En su lugar, aconsejan, sigue tu curiosidad y tu intuición, que son los caminos al ikigai, como lo es la autoconciencia. Encuentra la actividad que amas, rodéate de las personas que amas y mantente fiel a esa brújula interna.

Mogi da más consejos para mantener tu motor ikigai funcionando sin problemas. Sus cinco puntos se reducen a: centrarse en los detalles, aceptarse a uno mismo, confiar en los demás, disfrutar del placer y estar presente.

“Hay una pasión dentro de ti, un talento único que da sentido a tus días y te impulsa a compartir lo mejor de ti mismo hasta el final”, escriben García y Miralles.

O como el gran mitólogo Joseph Campbell lo resume: “Sigue tu dicha”.

CNN