Sin derecho a fallar

Este senderista se une al clamor popular externado por el ciclista que se aparejó al vehículo que transportada al presidente Andrés Manuel López Obrador hacia el Congreso de la Unión: “Usted no tiene derecho a fallar”. Cierto, es lo que esperamos los mexicanos del nuevo mandatario desde el inicio de la nueva etapa de la vida pública del país. Es una expresión espontánea de confianza y apoyo, no una exigencia casual ni extrema.

La humanidad ha entrado en una nueva era que es identificada como la era de luz, del saber, de la comunicación, en que las cosas se tienen que transparentar y es necesaria la participación de los seres humanos y en nuestro caso, de la ciudadanía, para que se tomen los mejores acuerdos y que no nos gobiernen solo unos cuantos, por muy buenos que sean. 
Hace ya algunos años un conocido político me hablaba de la necesidad de hacer cambios en la vida política y social de nuestro país y se refería precisamente a dos aspectos: al lenguaje y a las  actitudes, porque ambos se agotaron desde hace tiempo y habría que renovarse o morir. Lo que antes funcionó muy bien, en estos tiempos ya no sirven, salvo las experiencias para corregir y avanzar.
Cuidado con los dichos y hechos, me decía, porque los políticos ya no se van a salvar y yo agrego que nadie. Los medios y sus representantes, las redes sociales están pendientes de lo que dicen y hacen los políticos, bueno o malo, más malo que bueno, hasta el mínimo detalle. Bueno, hasta los representantes de las iglesias no se escapan de las críticas duras que les hacen los propios feligreses.
Hay en el ánimo popular una inquietud generalizada por decir las cosas de manera inmediata y por su nombre, pero no como lo hizo Paco Ignacio Taibo II, que le resultó contraproducente el exabrupto y le aleja la posibilidad de llegar a ser director general del Fondo de Cultura Económica. Lamentable su descuido porque nadie le niega su capacidad intelectual y lo mucho que podría hacer en ese legado del célebre editor don Arnaldo Orfila Reynal.
Yo, como muchos mexicanos, abrigo la esperanza de que podamos cambiar hacia mejores estadios de vida, pero tenemos que ser muy claros, honestos y responsables. Si se cometen errores, que se reconozcan y enmienden. No dejarlos crecer. En el equipo del nuevo presidente hay servidores públicos muy capaces y visionarios, quienes han hecho el compromiso histórico de responder con buenos dichos y acciones a la población mexicana, y quienes entran a la administración pública federal y a las legislaturas, que no han asimilado aún el rol que les toca cubrir y cumplir, tienen la oportunidad de reflexionar y asumir con conciencia y responsabilidad sus cargos.
El sendero del mexicano no está alfombrado ni lleno de rosas, sino que está plagado de espinas y escombros que librar. Y creo que el presidente López Obrador lo sabe bien porque lo expresó en su mensaje a la nación. Salen sobrando los buenos deseos y los festejos que no faltarán a lo largo y ancho del país. Está bien que los haya por el ascenso presidencial, largamente buscado y finalmente logrado, pero el reto histórico no permitirá dislates ni simulaciones.
López Obrador no es solamente presidente de los que votaron por él. Lo es de todos los mexicanos, nos guste o no. Lo mismo los servidores públicos del movimiento triunfador están llamados a trabajar y servir con honestidad y eficiencia a todos los mexicanos, sin distingos de ninguna naturaleza. Atrás quedaron las campañas políticas, las elecciones, los dimes y diretes. El nuevo mandatario lo sabe muy bien y sus colaboradores y correligionarios lo deben saber también y si no, pues que aprendan.
Cada paso, cada palabra, deben ser cuidados hoy y siempre. Destaco algunos puntos del primer  mensaje del nuevo Presidente de la República, que tienen que ver con los buenos dichos y hechos, que el pueblo mexicano quiere escuchar y ver, y que en práctica constituirán los lineamientos a seguir del nuevo gobierno:
• “Ahora, nosotros queremos convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno. No se trata de un asunto retórico y propagandístico; estos postulados se sustentan en la convicción de que la crisis de México se originó, no solo por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, sino también por el predominio en este período de la más inmunda corrupción pública y privada”.
• “Estamos ante un asunto político de Estado, y como tal debemos enfrentarlo. Mi postura al respecto la definí con toda claridad desde la campaña. Dije que no es mi fuerte la venganza, y que si bien no olvido, sí soy partidario del perdón y la indulgencia”.
• “Nada material me interesa ni me importa la parafernalia del poder. Siempre he pensado que el poder debe ejercerse con sabiduría y humildad, y que solo adquiere sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás”.
• “Actuaré sin odios, no le haré mal a nadie; respetaré las libertades, apostaré siempre a la reconciliación y buscaré que entre todos y por el camino de la concordia, logremos la cuarta transformación de la vida pública de México”.

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