Cada vez está más ofensiva  la situación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Ministros, Consejeros, Magistrados y Jueces Federales, han adoptado una actitud francamente pendenciera, más insensible de lo que de por sí ya son cotidianamente, dogmática, parcial. 

Es evidente que desde la presidencia de la Suprema Corte y del Consejo de la Judicatura Federal, se ha dado línea para, a como dé lugar, frenar la Ley de remuneraciones, toda vez que los señores justicia, se niegan a adecuar sus sueldos a una realidad que ya los rebaso, y que corresponde al México de a de veras, al México en que sobrevivimos millones de mexicanos con un salario mínimo, cuyo monto, es equiparable a lo que los señores ganan en una hora; los justos jueces  se niegan  abandonar sus lujos y canonjías, y las de sus familias, dentro y fuera del Poder Judicial de la Federación.

Estos modernos Rafles, como aquel ladrón de las manos de seda,  como vulgares delincuentes, han llegado al delito para no bajarse los sueldos.
Estos se llaman abuso de autoridad y delitos cometidos contra la administración de justicia. Prevaricato.
Para estos casos la Constitución Federal, dispone de un procedimiento que se llama juicio político y que se encuentra reglamentado en los artículos 74, 76, 109 y 110.

Porque es que han incurrido en abierto delito; por la sencilla razón de notoriamente todos ellos, desde el Presidente de la Corte hasta el último de los jueces Federales, se encuentran, por el más elemental sentido común, IMPEDIDOS a conocer de los juicios de amparo que infinidad de funcionarios judiciales han promovido contra la Ley de remuneraciones, porque existe un notorio conflicto de intereses, al ser estos quejosos miembros del Poder Judicial de la Federación y no pueden ser Juez y parte.

Por qué?  Porque no son imparciales. La justicia por propia mano está prohibida. Fueron muy sabios nuestros constitucionalistas. Hacerse justicia por propia mano, no solo implica una venganza traducida en un hecho o acto generalmente violento, NO, TAMBIEN IMPLICA CONCEDERSE UNO MISMO LAS SUSPENSIONES Y LOS AMPAROS NO?, Justicia de cuello blanco, Justicia a modo, Justicia y Gracia, Justicia amiga, que importa que sea parcial y dogmática, deshonesta, hecha a la medida.

Resulta ilógico que un juez, juzgue a un magistrado o consejero, o que la corte en pleno, ampare y proteja a sus magistrados y jueces. Y quien va  conceder el amparo a los señores Ministros, su santidad el Papa, que como ellos, también es infalible?

Vivimos una justicia de ficción, de simulación, de capricho. En la infinidad de amparos contra la Ley de remuneraciones, luego luego se concedieron la suspensión provisional,  cuando ni siquiera tienen el carácter de quejosos, puesto que dicho ordenamiento no se refiere a ellos, y no tienen interés legítimo porque no han sufrido un agravio personal y directo. Así debería de ser en infinidad de casos, por el contrario sucede que niegan suspensiones y amparos contraviniendo la Ley la Lógica y el sentido común, cuando se niegan a conocer de un amparo con absurdos argumentos y acuerdos generales de la Judicatura, mandándolos a centros auxiliares inaccesibles para la mayoría de personas, lo que resulta una arbitrariedad y una violación a la Constitución.

Pero como el miedo no anda en burro, los señores justicia, con toda la ética del mundo, con toda honradez, con mucha prudencia, con la sensibilidad de un sabio jurisconsulto, mejor se amparan, para que chingaos tenemos juzgados y tribunales pues, y no estaría por demás un acuerdito del Consejo por ahí, para respaldar la sesuda resolución que suspende la Ley “esa”, que vergüenza.

Claro está, que como la Justicia son ellos, y ellos nada más saben de leyes, se van a dictar justicia a modo, como un traje hecho a mano, aunque no sean objetivos, imparciales, honestos, éticos, lógicos, salvo que . . . . la Cámara de Diputados los acuse ante la Cámara de Senadores  de los delitos que están cometiendo en forma flagrante.
O se tome una decisión de Estado y se reforme la Constitución Federal, quitándole los privilegios absurdos e injustos que ellos mismos se acomodaron, nuevamente a modo, en la Carta Magna, y como la gata ya salió respondona,  que se cese en sus funciones a los auto llamados quejosos y sus cilindreros, los Ministros de la Corte de la vergüenza, que solo son once y fáciles de sustituir, pues una de las profesiones que sobran en México, son abogados.

Los Doctores de la Ley en un  verdadero prevaricato, para no perder su gordo sueldo. En fin,  a cada quien. . .