En el encontronazo entre los tres poderes de la Unión por el tema de los sueldos es preciso distinguir entre los ingresos moderados de la mayoría de los empleados frente a la paga millonaria de los ministros de la Suprema Corte. El disgusto de la población está centrado en los sueldos y prestaciones ofensivos. (Ver cuadro). El presidente López Obrador ya dijo que si prosperan los amparos, serán respetados. Por su lado, Mario Delgado, el líder de la Cámara de Diputados, a la que toca aprobar el presupuesto, también expresó que se respetarán los del Poder Judicial… aun cuando el tope presidencial sí se impondrá al resto de la administración pública. Aparentemente, los ministros han obtenido un triunfo. Sólo que es un triunfo pírrico, como el de aquel general que se llevaba la victoria, pero a costa de perder a sus tropas en la batalla. El desprestigio de los ministros es mayúsculo. Ya era la Suprema Corta, ahora es mayor.

La Jornada / Dinero / Enrique Galván Ochoa