El histórico acuerdo, que pone fin a 27 años de incomprensión vecinal, debe ser ahora refrendado en Grecia

Tras vencer la resistencia de dos diputados de un pequeño partido de la minoría albanesa, el primer ministro de Macedonia, el socialdemócrata Zoran Zaev, ha logrado sacar adelante este viernes en el Parlamento de Skopje el acuerdo firmado en junio pasado con Grecia para la denominación definitiva del país, que ya se llama oficialmente República de Macedonia del Norte. En una votación que se aplazó varias horas hasta garantizarse los 80 votos que necesitaba (los dos tercios de la Cámara requeridos para la preceptiva modificación de la Constitución), Zaev ha visto coronado su esfuerzo e incluso arañado un voto de más.

La histórica aprobación del acuerdo de Prespas —así llamado por el nombre del lago fronterizo donde se firmó— es un éxito personal de Zaev, tras la derrota sufrida en un referéndum celebrado a finales de septiembre e invalidado por falta de participación, pese a que el 91% de los votantes refrendaron el acuerdo, que pondrá fin a 27 años de incomprensión vecinal.

Pese a que en trámites legislativos anteriores ocho diputados del conservador VMRO-DPMNE, principal partido de la oposición y mayor detractor del pacto, respaldaron a Zaev, en la sesión de este viernes los conservadores se ausentaron de la Cámara durante la votación. A todos ellos se dirigió Zaev: “VMRO-DPMNE sabe que no era posible un acuerdo mejor y que, sin Grecia, no habrá OTAN ni Unión Europea”. Desde la independencia de la antigua república yugoslava, en 1991, Atenas ha impuesto como condición para reconocer a su vecino la adopción de un nombre que excluyera cualquier referencia histórica o reivindicación territorial sobre la región homónima helena de Macedonia.

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En esta votación histórica que endosa ahora a Atenas la conclusión del procedimiento —si el Parlamento griego no ratifica el acuerdo la situación volvería a la casilla de salida—, ha desempeñado un importante papel BESA, uno de los partidos de la minoría albanesa (alrededor del 25% de la población del país, de unos dos millones de habitantes). Dos de sus diputados, reticentes, solicitaron cambios técnicos en el texto para asegurarse de que el texto no perjudica a las distintas minorías del país. Además del nombre definitivo, que sustituirá el provisional de Antigua República Yugoslava de Macedonia (FYROM, en sus siglas inglesas) con el que el país se sentaba en la ONU y otros organismos internacionales, las cuatro enmiendas constitucionales aprobadas hoy se refieren también a la diáspora, la integridad territorial y la soberanía de los países vecinos.
La pelota, en el tejado griego
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, el otro muñidor del acuerdo junto con Zaev, no lo tendrá fácil para hacer aprobar el texto, ya que su mayoría parlamentaria depende del apoyo de su socio de coalición, Griegos Independientes (ANEL, extrema derecha soberanista), contrario al pacto con Skopje hasta el punto, si resultan creíbles las amenazas de su líder, Panos Kammenos, de dejar caer el Ejecutivo. Pero Tsipras parece tenerlo todo muy atado, a juzgar por el anuncio que hizo este miércoles durante una entrevista en el canal televisivo Open. Si ANEL se retira en protesta por el acuerdo con Skopje, dijo, solicitará un voto de confianza al Parlamento —cuenta con el respaldo seguro del pequeño partido To Potami, entre otros— y, si no logra los 151 votos de la mayoría absoluta, convocará elecciones anticipadas (la legislatura termina en septiembre). Tsipras ha saludado la votación del Parlamento de Skopje y enviado un mensaje de felicitación a Zaev.

Tsipras y Kammenos, que es también ministro de Defensa, tenían previsto reunirse este viernes pero el encuentro fue pospuesto hasta conocerse el resultado de la votación en Skopje. En su enésima retractación, Kammenos, al frente de un partido que se deshace por momentos precisamente por la presión a que está sometido por el asunto de Macedonia, aseguró que no tiene intención de dimitir pero dejó en el aire qué hará en el Parlamento.
Polémico y con un notorio afán de poder y protagonismo, Kammenos ha sido un incómodo electrón libre en el Ejecutivo de Tsipras. En los últimos días ha sido objeto de las críticas en las redes sociales por un comentario homófobo contra un diputado de To Potami. Aficionado a lucir el uniforme militar, su exceso de iniciativa le hizo viajar a Washington este otoño para plantear una solución alternativa a la cuestión macedonia, puenteando al titular de Exteriores, Nikos Kotziás, que acabó dimitiendo.

*El País