Vamos a verter algunas breves ideas para despejar lo que pudieran ser conceptos equivocados acerca del carbono y su papel en lo que llamamos cambio climático. Primero debemos entender que el carbono no es enemigo nuestro, el carbono es el elemento primigenio de la vida existente en nuestro planeta, es decir toda la vida tiene como sustento al carbono.

El origen del cambio climático no es por sí mismo el carbono –considerando su estadía natural-, sino más bien es una cuestión de desbalance. La naturaleza nos ha dado muestras de ser un sistema perfectamente diseñado y funcional, antes de que nosotros –la especie humana- descubriéramos el reservorio de carbono fósil y lo convirtiéramos en el combustible fundamental de movilidad y producción de energía, la relación carbono-naturaleza era un proceso armónico; las plantas a través del proceso de fotosíntesis absorben el carbono del aire y lo transforman en carbohidratos, mismos que sirven para la nutrición de microorganismos existentes en el suelo y por ende hacen un suelo más rico y productivo. Sin embargo, cuando hemos movido cerca de 800 gigatoneladas de carbono del suelo y la biosfera hacia la atmosfera –consumo del carbono fósil para la producción de energía- aunado al inadecuado manejo de la agricultura, bosques y selvas; hemos roto ese equilibrio, ¿Las consecuencias? cambio climático: disminución del hielo ártico, aumento en la temperatura global, variaciones drásticas en temporadas de lluvia, sequía y frío, devastación de ecosistemas, disminución en la producción alimentaria, etc.

Si bien alrededor de todo el mundo existen una gran cantidad de científicos, empresas y gobiernos trabajando para encontrar una solución al cambio climático, nuestra realidad nos impone una cosa clara: el consumo de combustibles fósiles debe ser erradicado, debemos practicar una agricultura regenerativa, reforestar las superficies que han sido deforestadas y acelerar el paso para utilizar energías producidas por fuentes renovables y limpias.

Es aquí en donde ocuparemos un tema que ha desatado polémica en nuestro país. La determinación de López Obrador de combatir frontalmente el robo de combustible, que ocasionaba pérdidas al país de alrededor de 60,000 MDP en 2018 según datos del gobierno federal, ha descubierto varias áreas de oportunidad que ameritan ser consideradas por el recién estrenado régimen.

En primer lugar y una de las que abordaremos es que, en los estados que se quedaron sin abasto suficiente de combustibles y en todo el país, gracias a sus comentarios en redes sociales y medios tradicionales de comunicación, pudimos percatarnos de algo que se nos ha hecho cotidiano: nuestra dependencia a los combustibles fósiles; nuestras actividades cotidianas se paralizas si no existen combustibles disponibles.

Cabe entonces una reflexión y por supuesto, también una atenta invitación a los responsables de las instituciones que conducen el programa energético del país. Sabiendo que nuestra economía –directa e indirectamente- gira en torno a la disposición de petróleo y los combustibles derivados de él, que las reservas de México y su proceso de refinación son insuficientes para concretar más desarrollo, no vemos que anuncien  fondos de inversión en investigación y la apertura de mayor número de plantas para la producción de energía solar, eólica o hidroeléctrica. Fondos en serio para el desarrollo de autos –de costos accesibles- o más transporte público movidos por energía eléctrica o híbridos, simplemente no los vemos.

@JErnestoRuiz