Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?

CATÓLICO INSTRUIDO: NO SERÁ CONFUNDIDO

Saulo, con la obsesión de su fanatismo fariseo, pensaba que era correcto perseguir a los cristianos; pero el Señor Jesús le aclaró que en la persona de sus fieles, era a Él a quien perseguía. No hay vuelta de hoja: quien persigue o ataca a la iglesia de Cristo, está atacándolo a Él.

El 25 de enero se celebra “La Conversión de San Pablo”. Su nombre era Saulo, fue un judío nacido en Tarso de Cilicia, educado en Jerusalén, quien poseía la cultura griega y la de su propia raza; tuvo de maestro a Gamaliel, uno de los grandes rabinos de la época (Hch 22, 3 y 5, 35-39); fue instruido en la Ley en la forma más seria, pertenecía a la secta de los fariseos, así que se había convertido en un fanático del servicio de Dios, perseguía de muerte a los discípulos de Cristo, a quien, curiosamente no conoció antes de su Pasión y Muerte, pues su encuentro fue con Cristo Resucitado, como nos lo narra, en Hechos de los Apóstoles, San Lucas, quien seguramente escuchó la historia de labios del protagonista.

Todo sucedió cuando Saulo se dirigía a Damasco, pues había conseguido del sumo sacerdote cartas para detener a los cristianos de ahí y llevarlos encadenados a Jerusalén para que fueran castigados. Pero en el camino se produjo un relámpago y lo envolvió de repente una luz muy brillante que venía del cielo; cayó al suelo y escuchó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”; Saulo respondió: “¿Quién eres, Señor?”, y Él le dijo: “Yo soy Jesús el Nazareno, a quien tú persigues” (Hch 22, 1-8).
Aquel  resplandor lo dejó ciego, pero en su alma ya brillaba la Luz de Cristo, quien le dio una misión que Saulo cumplió hasta el extremo; así, de ser uno de los más férreos perseguidores de Cristo, se convirtió en su más arduo apóstol, pues como el propio Señor le aclaró a Ananías (a quien confió su tutoría), “Saulo fue un instrumento escogido para llevar su Nombre a las naciones paganas y a sus reyes, así como al pueblo de Israel”; por eso Saulo, quien en adelante tomó el nombre de Pablo, fue llamado el Apóstol de los gentiles (1Tim 2, 7), pues con el tiempo y la ayuda de sus colaboradores, Pablo extendió la Iglesia naciente por los numerosos países del Imperio Romano, el cual recorrió de extremo a extremo, resistiendo naufragios, persecuciones, azotes, hambre, cárcel, humillaciones, críticas, juicios y, finalmente, muerte de espada; pero ante todo esto no se lamentaba, pues sabía que el sufrimiento por su fidelidad a Cristo, era garantía de su victoria final y afirmaba: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Fil. 4, 13).

Con toda razón, San Jerónimo decía que el Mundo no verá jamás otro hombre de la talla de San Pablo; pues gracias a él, personas de todas las naciones y razas conocemos al único Dios y a su verdadera Iglesia; y gracias a su conversión, quienes somos tanto o más pecadores que él, tenemos la esperanza de la eficacia de la gracia de Dios y de su infinita misericordia con el pecador arrepentido. ¡Que así sea!

LUBIA ESPERANZA AMADOR.
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