Los militares en Tlahuelilpan

 

Héctor Torres Maubert

Parte de Novedades

De los veneros del diablo al infierno de Tlahuelilpan, la trágica historia en un país en el que un litro de gasolina vale una vida.

Oaxaca. El Ejército trató de disuadir a una multitud de más de 600 personas que se congregó en torno a la perforación del ducto Tula-Tuxpan para ordeñar la gasolina Premium que brotaba de la tubería en Tlahuelilpan, Hidalgo

Dos pelotones de soldados se presentaron ante una denuncia de Petróleos Mexicanos (Pemex); no obstante, gente que estaba en la zona siniestrada se tornó agresiva, por lo cual los militares optaron por no responder y se retiraron a un costado.

Qué es lo que nos dicen los datos: en el momento del siniestro, el ducto estaba cargado con gasolina de muy alto octanaje. Eso genera una serie de gases de gran letalidad, y por tal razón en el momento en que eso se da y las personas empiezan a acercarse y a moverse de una manera multitudinaria alrededor de esa zona que estaba cargada de gases, comienza el peligro.

Muchas de las personas usan ropa de contenido sintético, que tiene también la posibilidad de generar reacciones eléctricas, lo que podría haber originado una explosión que hasta al momento ha matado a 96 personas y decenas de heridos y desaparecidos.

De acuerdo con el oficial del Ejército que iba al mando de los 25 efectivos, había algunas personas ahí, cercanas a la toma, poco a poco fue incrementando la salida de combustible en el ducto, en la toma clandestina, hasta llegar a alcanzar seis o siete metros de altura.

Cuando empezó a incrementarse esta salida del combustible del ducto también se reunió una mayor cantidad de personas en unos minutos ya había entre 600 y 800 personas que empezaron a llegar ahí, al área de la toma.

Los militares buscaron evitar que las personas se acercaran al ducto por la peligrosidad que éste presentaba, trataron de persuadirlos, a los pobladores, pero hicieron caso omiso y se tornaron algunos de ellos agresivos, y al verse rebasado por la cantidad de gente que estaba llegando con sus recipientes para llenarlos de combustible, fueron obligados a retirarse a un costado, buscando no tener una confrontación.

No se retiraron del área, se quedaron ahí a un costado, pendientes de lo que estaba sucediendo. Y siguió llegando más gente, con recipientes para llenarlos de combustible. Inclusive, hay personas que se mojaron de combustible en sus ropas por la misma presión que tenía la salida; jugaban, se rociaban la gasolina, era una verbena popular, nunca obedecieron las indicaciones de los militares.

Al presentarse la explosión, los soldados de inmediato buscaron apoyar a los heridos, empezaron a aplicar el plan DN-III, y arribaron más tropas de la 19 Zona Militar con sede en Tuxpan y de la 18 Zona Militar de Hidalgo, para tratar de también ayudar y acordonar el área.

Todo fue al instante, en cuestión de minutos las personas que celebraban con la gasolina, se encantaban quemadas o corrían desesperadas ardiendo sus cuerpos. Los militares junto con los policías federales respondieron en la ayuda.

Cabe recordar que la semana pasada, elementos del Ejército fueron retenidos y golpeados por pobladores en Tula, Hidalgo, después de un operativo contra el huachicol; también hace dos años los huachicoleros mataron a cuatro soldados en diferentes enfrentamientos en Puebla… los han humillado y no han respondido con balas, han aguantado todo.

Debemos recuperar el sentido de respeto a quienes tienen la tarea de cuidar el orden. Los agentes del orden público prefieren o tienen la consigna de evitar roces con la población y no intervenir por la fuerza en eventos de masas.

Cuando se pierde el respeto, se pierde el orden y ocurren estas tragedias (Tlahuelilpan). En Tlahuelilpan ocurrió exactamente lo contrario a lo que dicen: las tropas ganaron respeto porque no hicieron lo que en el pasado han hecho en diversas ocasiones: enfrentar a la población.

Los videos muestran a soldados tratando de persuadir a la gente para que se retirara del lugar, eran mucha multitud de personas y muchos se alejaron. De no ser así estaríamos lamentando no 96, sino muchos más.

Otros no se fueron y respondieron con insultos a los uniformados, incluso un video muestra a un sujeto que tira patadas a un transporte militar. ¿Cuántos de ellos murieron en la explosión? El secretario de la Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, un militar con una mentalidad (de Tlalpan) diferente, hizo lo que tenía que hacer mediante una contención responsable. Sin represión fueron salvadas muchas vidas. Si las cosas hubieran sido distintas, estuvieran gritando que México se había convertido en una sangrienta dictadura izquierdista.

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